ENSAYO | Acerca de la relación entre soberanía e identidad en Argentina

Por Marta Juana Martinangelo
(Mgter en Educación)

Breve introducción

¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía?
La palabra soberanía, como todas las palabras, tiene su historia. Ella es un significante cuyo significado epistemológico refiere a una voz latina súper omnia “sobre todo” o todo el poder supremo único y o principal. A lo largo de la historia este significado ha ido ampliando la gama de su idea núcleo.
Por lo tanto y en principio soberanía es un derivado de soberano, aquel que esta sobre todo y todos, es aquel que detenta la plenitud del poder político.
Ahora cabe preguntar quienes tienen la posibilidad de ejercer todo el poder o sea ser soberanos. A grandes rasgos podemos establecer una sencilla enumeración: 1.-soberano es el rey, 2.-soberano es el pueblo, 3.-soberano es el individuo, 4 soberana es una nación, y con cierta duda plantearía la posibilidad de que la soberanía este comprometida con el poder de los holding o empresas multinacionales. Para que los agentes antes mencionados puedan pensarse, a partir de la etimología de la palabra soberanía, deberíamos pensar en cómo se concibe la autoridad suprema en cada caso, es decir cómo se ejerce el poder sobre todo en cada situación o sea cómo se interpreta ese poder supremo e inapelable
Cada una de las situaciones nombradas con anterioridad despliega, a su vez, diferentes perspectivas.
– Si el soberano es el    rey el que posee todo el poder y él organiza la vida de sus súbditos puede instrumentar un régimen tiránico o un que aliente a su pueblo a vivir de acuerdo a con las normas acordadas entre todos.
– Si el soberano es la población, considerada como tal. es posible pensarla como pueblo   que interviene a través de la democracia indirecta, o algún tipo bien de comunidad organizada para resguardar su soberanía o; puede elegir  su status de población subordinada a la cultura de aquellos que lo dominaron y con los cuales, la mayoría de la población, se identifica
-Si el individuo se considera soberano puede elegir vivir bajo su propia ley (anarquista, lobo solitario. Hippy) el pensamiento directriz es “hace la tuya” o; considerar, por el contrario, que es necesario contribuir con “nos”. En este último caso se concibe, por su naturaleza, como un ser social, es decir, necesita de los otros para vivir. Por lo tanto, su mayor desafío será contribuir a construir una comunidad donde predomine el equilibrio y la solidaridad. El otro está incluido en el “nos”.

Conclusión
Retomando la etimología   de la palabra soberanía “sobre todo o todos”. La pregunta es quienes están y cuáles son sus consecuencias
Soberano rey: de sus decisiones depende el estar de su comunidad (tiranía- comunidad)
Soberano casta: sus intereses comunes determinan el estar de la población.

-Oligarquías extranjerizantes, dependientes
-Nacionales (Brasil) reinvierten en su propio país
-Soberano individuo: todo el poder es su poder, Libertarios

Soberanía nacional: el eje es el pueblo y sus intereses. Gobernar para garantizar el bienestar del pueblo (el “nos” identifica   a todos los habitantes
tal como lo determina el Preámbulo de la Constitución Nacional. Exige para su fiel cumplimiento una organización social que puede sintetizarse en la propuesta de una comunidad organizada u exige independencia económica desarrollada sobre el trabajo educación, salud, vivienda. Sin dependencia del FMI.

—————

Primera parte

El problema de la soberanía en Argentina

Para abordar el problema de la soberanía en tanto valor que nos atraviesa y determina, elegimos pensarlo desde la perspectiva del estar y la práctica social. Nos preguntamos en qué situaciones ella rige nuestra toma de decisiones o compromete nuestras acciones. Qué modelo de país podemos, queremos, soñamos construir, qué legado original le brindaremos al mundo y al futuro. Por eso, es necesario hoy, en nuestra actual situación de clivaje, repensar y reflexionar sobre el impacto de los principios neoliberales que atraviesan nuestra cotidianeidad, impregnan nuestras relaciones, decisiones y elecciones y, en consecuencia, perturban nuestra posibilidad de “estar estando” habitado, sostenido en el “nosotros”.
Me pregunto acerca de las estrategias neoliberales que nos acechan todos los días y en todas las instancias incidiendo sobre la población y obturando la construcción de una sólida identidad, basamento del sentir de un pueblo soberano. Debilitados por la mentalidad colonizada que nos aqueja, tal vez sea hora de aceptar cierto estado de hijo adoptivo como aquel que posee muchos conocimientos, pero ignora sus propios cimientos.
¿Cómo ha incidido la cultura de las primeras invasiones europeas sobre la cosmovisión americana?, ¿cuánto ha impactado sobre el proceso de construcción de nuestra identidad como pueblo?  ¿Nuestro proceder, como sociedad, se asimila a habitar esta tierra o además somos y la sentimos como un pueblo con ideales propios, únicos, nuestros, originales? ¿ Nos atrevemos a soñarlos,, a buscarlos, a reconocerlos? ¿Qué características comunes definen nuestra identidad?
El silenciamiento, el genocidio, el sometimiento y la desvalorización de las culturas originarias nos han ubicado en un espacio híbrido caracterizado por el desconcierto, la labilidad que se patentiza en diferentes expresiones de nuestra hacer cultural.
Esta forma de estar siendo se transforma en terreno fértil para el despliegue neoliberal pues él propicia el descuido del pasado y una formación atomizada favorecida por los medios de comunicación. Tal como dice la poesía de Facundo Cabral:

No soy de aquí
ni soy de allá
no tengo edad
ni porvenir

Somos territorio colonizado y asumir la construcción de la identidad exige hacerse cargo de este estado: estar- estando. Debemos informarnos, intercambiar y comprometernos para develar nuestra identidad. El éxito de este desafío depende de la fortaleza y la convicción con que construyamos el “nos” cuyo basamento es una relación de equilibrio con los “otros”.

Desde y hacia dónde dirigimos nuestra mirada.
Sepultada, despreciada, saqueada, silenciada, desvalorizada así testimonia nuestra voz, AYBA YALA, el estado de nuestra tierra – territorio. El origen/ lugar   de nacimiento reclama/marca su lugar en nuestra conciencia y por qué no, tan bien, en el inconsciente.
Reflexionemos sobre qué decimos y cómo lo hacemos: “Yo nací, yo estoy”- “yo nací, yo soy”, ambas expresiones apuntan a un mismo hecho. Pero, no siempre, su interpretación guarda un mismo significado; lo que despliega su sentido es el imaginario que construimos a partir de ellos. Es, el desde dónde comprendemos y valoramos.
Podemos “estar alegres” frente a una situación o costumbre que no nos es familiar, nos sentimos bien sin poder explicar qué hecho o fenómeno especifico motiva ese sentimiento, tal vez un olor, un sonido, un color. Cuando cierta emoción se manifiesta frente a estímulos aun sin saber qué la motiva, no alcanzamos a interpretarla, tal vez sea el ritmo, la música, las analogías, las referencias, el mate, los indicios de la pertenencia del estar acá en plenitud y armonía. Decimos estamos contentos no expresamos somos contentos. Sin embargo, el castellano que deriva del latín establece una diferencia entre ser y estar; algo tendrá que ver esta forma de decir.
Los invasores se nombraron a sí mismos, como conquistadores. Nos impusieron su lengua, su religión, sometieron al olvido las lenguas originarias y con ello silenciaron nuestra forma de estar, de leer el mundo y significarlo. Privarnos de la lengua original fue un arma efectiva de dominación reforzada por la religión, la creación de instituciones de gobierno trasplantadas de otras sociedades ajenas al estar, Ayba Yala. Fueron armas de dominio y penetración que debilitaron nuestro estar estando en nuestra tierra; ignorando su nombre original. La construcción de una cosmovisión latinoamericana se tornó confusa, cambiante, se cortó toda posibilidad de que este suelo exprese su propio modo de decir, sentir y percibir, su cultura, su estar estando desde su identidad originaria. En este proceso de negación y olvido hemos debilitado el sustrato común de nuestro pequeño gran universo rebautizado Argentina.
Debemos hacer notar que, en todas las lenguas   se producen intercambios, pero no todos estos intercambios conllevan la pérdida de la esencia de cada una de ellas. Adherir a modismos o vocablos no afecta la propia voz, la enriquece con nuevos matices.  Integrar es una forma saludable de intercambio, no supone imposición por la fuerza o la prohibición de expresarse en su lengua nativa como lo impuso la escuela sarmientina.
La integración sana, auténtica, original es complemento e intercambio. Este proceso no es posible si no nos apropiamos de los orígenes de la tierra en que nacimos, su lengua, sus mitos y leyendas, su voz, sus gustos, saberes, perfumes son, a su vez, el tesoro de una forma de percibir y de nombrar original y el mejor legado que le debemos aportar a la humanidad, la unión en la diversidad, los opuestos que se complementan. La primera síntesis es construir nuestra forma de nombrar y de decir como un ensamble de dos perspectivas diferentes de pensar, valorar y nombrar. Construir una lengua que en su decir integre/ sintetice una nueva forma de pensar nuestra cosmovisión o sea entre “el hervidero del mundo” y “la idea como abstracción”.  Una cosmovisión que nos permita nuevas perspectivas de concebir y ordenar.
El ocultamiento ha sido una razón fundamental del debilitamiento de nuestra idiosincrasia. Padecemos el “como si “del eurocentrismo que, poco a poco, se fue apropiando de los saberes originarios para gestionarlos con modos propios. Los colonizadores/invasores utilizan, comercializan, empaquetan con su apellido todas las medicinas que nuestros ancestros utilizaban, de esta forma, dejaron de pertenecernos. Y perdimos nuestra forma de nombrar, de curar y nuestro pensamiento originario.
Consumimos sus teorías, valoramos y actuamos de acuerdo con su imaginario y nos encuadramos en una cosmovisión que no es propia, es una especie de corsé mental tejido de principios, teorías, categorías a través de las cuales terminamos aceptando como dogmas universales aquellos que son expresiones de su propia experiencia como pueblos invasores y depredadores.

Estamos en un somos que no nos identifica, “somos” un paquete de su cultura a la que adjetivamos como universal, semejante a un colador que, tamiza los saberes del mundo, se queda con lo que le sirve y destruye, cerca, silencia y descarta aquellos ingredientes que le resultan peligrosos, extraños. El imperio, para este fin, dispone de todos los medios de regulación que legalizan su dominio.
Ha sido su forma de dominar sin tirar tantas balas, su mejor trofeo fue introducir la lengua latina y ahora el inglés que avanza como la segunda lengua arrasando como un tornado aquello que AYBA YALA es y nuestra forma original de nombrar y pensar.  Nos tornamos “analfabetos” de nuestras propias formas de nombrar y de pensar, de nuestros relatos, de los valores curativos de las plantas, del oro, la plata, el litio, el aire nuestras tierras y sus ancestros. Las lenguas originarias guardan la esencia de nuestro estar, que sustenta cómo percibimos y/o valoramos.  Shakespeare propone “ser o no ser” como la pregunta; y por qué no repensarla desde “estar o no estar” y sus implicancias. Esta cuestión queda abierta.
Reivindicar nuestra SOBERANIA MENTAL como objetivo de búsqueda y conformación de nuestra identidad supone el mayor desafío para consolidar una patria con conciencia soberana. Nuestros mayores esfuerzos están condenados al fracaso si no nos proponemos construir un proceso de síntesis entre el pensar colonizado y la cosmovisión originaria que, intentaron destruir, ocultar los invasores.

 Desde el origen

“Abya Yala” es el nombre más antiguo, hasta ahora conocido, referido a un territorio americano. Literalmente significaría tierra en plena madurez o tierra de sangre vital. La creencia de los pueblos originarios está sustentada en la unidad, donde lo humano es inseparable de la naturaleza. Este pensar percibe y, en consecuencia, piensa, desde relaciones holísticas del estar estando; por el contrario, occidente piensa en un orden que clasifica elementos e interacciones, o sea, una forma de enunciarlo sería : de lo más cercano lo más lejano.
Para aclarar mi perspectiva y, a modo de ejemplo, se propone el siguiente:  estamos acostumbrados que, ante una consulta, por ejemplo, de un dolor de rodilla, generalmente el médico, previo diagnóstico, indique un analgésico; sin embargo, y cada vez con más frecuencia, se recurre a la acupuntura. Este tratamiento estimula el sistema nervioso del paciente mediante pequeños pinchazos, en diferentes zonas del cuerpo, incluida la cabeza. Ambos métodos, por distintos caminos, anulan la molestia. El primero responde a un enfoque alopático el segundo, parte de otros principios y se reconoce como holístico.
Indagar acerca del pensar original y, en consecuencia, “nombrar”, dar nombre –identidad, impone necesariamente reflexionar desde dónde los nativos se percibían y percibían desde su estar. Por ejemplo, cuáles son las creencias de los Incas acerca del universo Para esta civilización el mundo de abajo (la tierra) es un “hervidero espantoso”, en él se ESTÀ.
Viracocha es el Dios más importante porque ordena el estar a través de sus dioses menores, pero no crea el mundo. Viracocha es uno, la unidad, es la síntesis de opuestos; un tanto similar a las creencias chinas del Yin- Yan cuyo principio es la energía. Es interesante reflexionar acerca de su cosmovisión primera, sobre todo, su contexto histórico, económico y social que se sustenta en el cuidado de la madre tierra, el “estar”; el hombre trabaja para ordenar el hervidero y cuidar de la Pachamama.
Pensar desde el estar supone, entonces, una cosmovisión distinta a pensar desde el ser. Definir, a partir del ser supone una categoría inmanente, hacerlo desde el estar supone   un pensar acerca de lo que me rodea, implica el hacer y sus consecuencias, luego, es trascendente.  Pensar desde el estar, abre múltiples derivaciones en la comprensión de los fenómenos. Estar hombre es un estado, es un proceso que implica el cuidado de la tierra porque cuando concluye nuestro está- estando con la muerte volveremos a la PACHA MAMA-madre tierra- y esa energía renacerá, “estaremos” tal vez, en otra especie planta o animal. Para esta creencia el tiempo es circular es un proceso que se instala a partir de estar estando en diferentes formas y el fin último es garantizar el estado de equilibrio de la madre tierra.
Los hechos y sucesos son como la sangre del cuerpo histórico; ellos están encadenados y se constituyen en fenómenos holísticos que repercuten con diferente intensidad y características sobre el estar estando: lugar y territorio impactan sobre el sistema simbólico.    La carga simbólica   atraviesa la percepción y fundamenta la cosmovisión cuya génesis es un proceso dialéctico que otorga sentido a los hechos históricos.

Acerca del estar-estando de nuestra identidad

Una identidad difusa es un terreno fértil para la dependencia, puede caracterizarse como un proceso social lábil, ambiguo, producto del fenómeno colonial que nos atraviesa. Se ha generado así una identidad fluctuante que, a su vez empantana la búsqueda de soluciones soberanas. Nuestro pensar camina sobre una sola pierna, en general nuestro bagaje cultural, aquel que nos referencia es eurocéntrico, a riesgo de valorarlos como “los sacerdotes del mundo”. Este fenómeno puede interpretarse como caminar sobre una sola pierna, nos produce oscilaciones y desconciertos, pues solo nos definimos por lo que no somos. Estamos como los hijos adoptivos que desconocen los genes que lo definen, en última instancia caminamos a tientas.
¿Qué relación se establece entre educación y cultura? ¿Con qué estándares evaluamos la cultura de una persona? Artistas, escritores, poetas, filósofos, pintores son considerados casi genios por su creatividad y la profundidad de sus producciones forman parte del corpus a transmitir a través de la educación o los medios. Todos ellos dentro de su diversidad comparten un sustento común. Sin embargo, surge un interrogante: ¿es posible pensar que existan otras formas de creación y expresión más allá del prototipo eurocéntrico impuesto en estas latitudes? Formas que, permanecen devaluadas, ocultas cuando no destruidas ¿Cómo evaluamos el arte, las creencias, la forma de pensar de nuestros pueblos originales?

¿Cómo pensar o repensar nuestra especial relación entre identidad y cultura?

Tal vez dejando en la biblioteca autores y pensadores muy importantes, deberíamos explorar y encontrar nuestra voz. Esa elección supone un camino de deconstrucción, algo así, como ir sacándose el ropaje hasta quedar en cueros; es un proceso lento que consiste en ir quitando piedra por piedra de un muro denso hasta que aparezca algún rayo de luz; es un muro entretejido del pensar que nos sustenta, pero no es nuestro origen.

Bibliografía de apoyo

-Heidegger Martín: ¿Qué significa pensar?
-Kusch R: Obras completas ( en internet)
-Gavilan Pinto, Víctor: El Paradigma de los Pueblos Indígenas Santiago de Chile 2011 (en Internet).

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *