PENSAR UNA SEÑAL | Todo esta guardado en la memoria.

Por Adriana Fernandez Vecchi

La manifestación en el espacio público, la marcha hacia la Plaza de Mayo, en la historia argentina, constituye una forma privilegiada de expresión del empoderamiento popular y pone en evidencia la conciencia social. Además de ser un acontecimiento coyuntural, la ocupación de la calle como escenario de disputa simbólica y política posee una larga trayectoria que remite tanto a las luchas obreras de fines del siglo XIX como a las movilizaciones masivas del siglo XX y XXI. En este sentido, el 17 de octubre de 1945, las rondas de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo durante la última dictadura cívico-militar, así como las movilizaciones posteriores a la crisis de 2001, constituyen hitos que evidencian la centralidad de la acción colectiva en la configuración del campo político argentino.

En particular, las luchas por Memoria, Verdad y Justicia han consolidado una conciencia social profundamente arraigada en torno a los Derechos Humanos. Recordemos la marcha en contra del 2×1 en donde se volcó miles de personas a la calle para expresar su voluntad para no morigerar a los condenados por delitos de lesa humanidad. Las marchas del 24 de marzo, en conmemoración del golpe de Estado de 1976, no solo actualizan el reclamo por justicia frente a los crímenes de lesa humanidad, sino que también configuran un espacio de transmisión intergeneracional de la memoria. Allí, la presencia de organizaciones sociales, políticas, estudiantiles y de derechos humanos, junto con jóvenes, adultos mayores, personas de todos los sectores sociales y edades, da cuenta de un consenso ético-político que rechaza la impunidad y reivindica el derecho a la identidad, la verdad histórica y la reparación.
Asimismo, la manifestación popular en Argentina se caracteriza por una particular articulación entre lucha y alegría, que funciona como una dimensión simbólica constitutiva de la identidad heredada del ejemplo de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo La presencia de música, consignas, murales y expresiones artísticas en las movilizaciones no solo refuerza el sentido de pertenencia, sino que también resignifica el dolor histórico desde una perspectiva vital y comunitaria. Esta combinación de denuncia y celebración permite comprender la protesta no únicamente como resistencia, sino también como afirmación de la vida y de los lazos sociales.
La vivencia de este 24 de marzo es muy estimulante frente a la anomia y la crueldad pues la calle es un espacio de producción de sentido donde el pueblo argentino expresa su memoria histórica y su identidad colectiva, articulando pasado y presente en una praxis que conjuga lucha, dignidad y esperanza.

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