CUENTO | Isaac

Por DÉBORA DRICAS

Según Nancy, se orientaba en la playa como si tuviera una brújula. Jugaba a la pelota durante horas con amigos que conocía del balneario y nunca se perdía.Andaba en bici “hasta que la plaza se cerraba con él” y reía a carcajadas al leer las historietas de Patoruzú. Era incansable.
Hasta los tres años no habló. Se comunicaba por señas mientras se chupaba el dedo. Lo llevaron al psicólogo; “cuando empiece a hablar, no lo van a poder parar”. Y así fue: una especie de locomotora.
Siempre el mejor alumno; aunque era muy desprolijo en sus cuadernos, tenía fea letra de zurdo. Llegó a dar 7° grado libre.
Comía mucho pero selectivamente: bife, tomate y hasta seis bananas en un día.
-Señora ¿tiene un mono en su casa? – preguntaba el verdulero por la cantidad que a diario compraba Nancy, mi mamá. No sólo por las bananas que comía podía ser un mono. De bebé saltaba de la cuna al sillón y del sillón al piso, se agarraba de los barrotes e intentaba arrastrar la cuna como un auto sorteando muebles por la pieza.
No quería quedarse petiso como Nancy, así que a los trece años gracias a un tratamiento con un endocrinólogo creció siete centímetros.
Desde siempre su pasión fue el fútbol, Boca Juniors, y los personajes históricos. Desde los cinco años, la tía Perla le contaba historias de próceres para entretenerlo. Las que más le gustaban eran las vidas de Moreno y de Luis Pasteur.
Para mí, que nací años después, era mi compañero de juegos y la persona más admirada de mi infancia. Por las tardes, yo hacía de arquero en el zaguán y el pateaba mientras yo atajaba, a cambio de que luego jugáramos a las visitas. Pacto que por lo general no se cumplía. En otras ocasiones las protagonistas eran las figus contra el zócalo del comedor grande.
Recuerdo, también, que nos hamacábamos muy alto en el jardín. A veces me empujaba fuerte para darme susto. En la cama grande, éramos titanes en el ring. Yo siempre quería ser la Momia, luchador sordomudo y de movimientos congelados; y él, un Martín Karadagian amenazante.
De adolescente, sus amigos y compañeros de militancia lo llamaban “Pato Fellini”, por su manera de caminar y su admiración por el cineasta. Hoy, todavía es un Pato que navega sin olvido, una sombra, un espectro de la memoria insepulto, un desaparecido y yo, su hermana, todavía, lo sigo buscando.

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Por DÉBORA DRICAS

Artista Visual, Escritora, Odontóloga y Magister en Educación para Profesionales de la Salud. Publico ¿Solo los Chicos? (Fondos Movilizadores Cooperativos, 2002). Participó en Por la Piel de la Imagen (2023) y en Bottaris: un camino poético de la imagen 2024 y 2025. En ambos eventos, leyó poemas de su autoría a partir de imágenes del arte, junto con el acompañamiento musical de Roni Goldberg. Fue invitada a ciclos literarios y realizó publicaciones en revistas culturales. Como artista visual ha realizado exposiciones individuales y colectivas, nacionales e internacionales, asi como ha recibido distintos premios.
mdedricas@gmail.com.ar
IG: @debora_dricas
FB: Débora Dricas-Pinturas

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