PENSAR UNA SEÑAL | La Unidad del Amor

Por Adriana Fernández Vecchi

“Los humildes que luchan por los derechos lo hacen siempre con amor, no con resentimiento”.
Esta frase refleja la esencia de una lucha genuina por la justicia, en la que la motivación no proviene de la venganza ni del odio, sino de un amor profundo hacia el bienestar colectivo. En este sentido, la pasión y la inteligencia emocional, a menudo cultivadas en otros aspectos de la vida, como el fútbol, pueden ser el motor de movimientos sociales que buscan transformar la realidad, como en el caso de la lucha por los derechos de los jubilados.

Ser hincha de un equipo de fútbol implica una entrega emocional incondicional. Los hinchas viven intensamente las victorias y las derrotas, llevando esas experiencias al límite de sus emociones. Sin embargo, esta pasión también enseña a manejar esos sentimientos: saber celebrar con humildad y aprender de las derrotas sin caer en el resentimiento. La inteligencia emocional que se desarrolla en este ámbito no es solo un recurso personal para lidiar con la frustración, sino que puede ser el pilar que sostiene luchas colectivas en otras esferas de la vida.

A pesar de las evidentes injusticias que enfrentan muchos jubilados, los políticos, que deberían ser los representantes del pueblo en la lucha por sus derechos, suelen estar ausentes o distantes en este tema. A menudo, los discursos vacíos de promesas y la falta de acciones concretas dejan a los jubilados en un estado de abandono. En este vacío de representación, son las personas de la comunidad , quienes se levantan con la fuerza de su amor por la justicia, no por resentimiento hacia los poderosos, sino por un profundo compromiso social. Y es aquí donde la inteligencia emocional, que los hinchas de fútbol cultivan, entra en juego: esa capacidad para unirse, para movilizarse desde un lugar genuino de empatía, sin buscar revancha, sino simplemente un mundo más justo.

La lucha de los jubilados por mejores condiciones de vida, por pensiones dignas y por el reconocimiento de su esfuerzo a lo largo de los años, es una batalla donde la voz de los políticos suena cada vez más lejana. Mientras ellos se concentran en su propio interés, la sociedad civil, esa misma sociedad que llena los estadios y vive cada partido como una verdadera pasión, se organiza y se alza con fuerza. Los hinchas, con su capacidad de unir a las masas, pueden trasladar esa misma energía a una lucha social: luchando no por su equipo, sino por el bienestar de los más vulnerables.
La ausencia de los representantes políticos en esta causa social nos muestra que la verdadera lucha por los derechos de los jubilados no depende de las promesas de los poderosos, sino de la acción solidaria y amorosa de los vecinos y de los habitantes de la Argentina, que, con inteligencia emocional, buscan un cambio real. Así como un hincha defiende a su equipo sin buscar revancha, sino por amor al juego y la camiseta, la lucha por los derechos de los jubilados es un acto de amor hacia los demás, que nace desde el corazón de la comunidad

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