La decadencia de Argentina es consecuencia de setenta años de liberalismo económico.
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Por Juan Maya
Moria Casán hizo famosa la frase, que ya es parte de la cultura popular argentina. Casán, actriz, vedette, conductora y sobre todo una mujer muy lúcida impuso un estilo directo y con un verbo filoso marcó varias décadas de la televisión nacional. Fue en los años ’90, una década de profundas transformaciones que fueron creando las bases de lo que hoy vivimos con el psicópata. Ya en ese tiempo la crueldad del sistema se expresaba mediante el crecimiento de la pobreza, el desempleo y, por supuesto, el intento de destruir la educación y la salud pública, hicieron mucho daño y la sociedad poco a poco, sin opciones, sufría una nueva frustración/traición. En aquel contexto, Casán, durante sus programas de TV, invitaba a sus interlocutores a dejar aflorar sus emociones sin inhibiciones. Con el tiempo no solo se volvió un sello suyo, sino que se popularizó en el imaginario colectivo como una invitación a liberar el gesto, a mostrar, sin vergüenza, la vulnerabilidad y también la bronca por las injusticias que se padecían. Ante un sistema liberal indolente, el llanto, la expresión pública del padecimiento se constituyó de hecho en una crítica política.
LLORAR EN TIEMPOS DE CRISIS ES UNA NECESIDAD HUMANA.
1996 fue el principio del fin para un modelo que no daba resultados, o mejor dicho, sí daba resultados para los sectores concentrados del poder económico, pero no para las grandes masas populares que ya padecían un desempleo creciente o la precarización laboral. La bronca había estallado en la ciudad de Cutral Co, allí nació un fenómeno que años después cobrará trascendencia política y social, el Movimiento de Piqueteros. Como consecuencia de la privatización de empresas públicas emblemáticas como YPF y Gas del Estado el desempleo se hacía estructural en pueblos que dependían casi exclusivamente de la actividad de esas empresas del Estado.
La caída del modelo era inevitable. La recesión que comenzó en 1998 terminó en el “corralito” y el estallido de diciembre de 2001. El fin del 1 a1 demostró la estafa del sistema liberal propuesto y representó la mayor traición al ahorro y la dignidad. Las imágenes del llanto frente a las persianas cerradas de los bancos y el hambre en las calles marcaron el fracaso del proyecto de la convertibilidad. La pobreza creció a niveles superiores al 50%. El desempleo aumentó y surgió el fenómeno de los cartoneros en el panorama habitual de los argentinos. Cientos, miles de argentinos y argentinas tuvieron que salir a juntar cartones, metales y botellas para poder sobrevivir. La fractura social se profundizó y la pobreza se hizo estructural en todo el país.
En la semana de los cinco presidentes, ninguno hallaba una solución y el estallido social se radicalizaba. “que se vayan todos” era el reclamo. Finalmente, el gobierno provisional de Eduardo Duhalde encontró en los planes sociales una herramienta, supuestamente temporal, para detener lo que parecía indetenible, sin embargo, no resolvió el problema de fondo.
DEL LLANTO Y LA PROTESTA SOCIAL A LA ESPERANZA.
La elección presidencial de 2003 y la llegada de Néstor Kirchner al gobierno trajeron una esperanza renovada. La economía comenzó a crecer y de manera simultánea los puestos de trabajo.
Kirchner representó un punto de inflexión cargado de simbolismo y pragmatismo tras la crisis liberal más profunda de la historia moderna argentina. Trajo una legitimidad que se había perdido
A pesar de haber obtenido solo el 22% de los votos, tras la renuncia de Menem a la segunda vuelta, logró transformar esa debilidad de origen en una fortaleza política mediante decisiones de autoridad inmediata.
Kirchner aplicó una serie de gestos que enviaron un mensaje claro, el Estado volvía a tener un rol protagónico en la vida de los argentinos.
Una medida muy importante fue la renovación a la Corte Suprema, La limpieza de la “mayoría automática” menemista devolvió cierta confianza en la justicia.
En materia de política de derechos humanos, anuló las leyes de obediencia debida y punto final, y el gesto de bajar los cuadros de los dictadores, le otorgó un capital moral y ético frente a una juventud que estaba desencantada de la política.
La reactivación de la industria local y el consumo interno empezaron a vaciar las ollas populares que habían definido los años anteriores. Su decisión política de cancelar la deuda externa con el FMI resonó profundamente en una sociedad que culpaba a ese organismo por el colapso del 2001.
Claramente se pasó del modelo liberal de ajuste a un modelo de matriz productiva diversificada. Aumentó el consumo interno, mejoró el poder adquisitivo tras la brutal devaluación del 2002. La gestión de Kirchner fue la de un gobierno nacional pero no de liberación nacional.
La matriz especulativa del sistema estaba intacta. El “mercado”, el poder económico real prontamente se puso a trabajar para desmontar la política kirchnerista y el propio gobierno no tuvo la suficiente decisión para derogar la “Ley de Entidades Financieras N° 21.526”, sancionada durante la última dictadura cívico-militar, la cual constituye el corazón del sistema de robo a la sociedad argentina, con un enfoque orientado a la especulación, no a la producción y con un marco normativo para los bancos y otras instituciones financieras en el país aún en la actualidad.
Tras la muerte de Kirchner, los gobiernos de Cristina fueron, lentamente, retrocediendo ante el avance de los sectores más concentrados de la economía, el enfrentamiento con La sociedad rural fue el momento más álgido. Al mismo tiempo las diversas internas dentro del kirchenrismo fueron generando las condiciones para el regreso del liberalismo con Mauricio Macri en 2015.
EL CHANCHO LIMPIO SE VUELVE A REVOLCAR EN EL BARRO.
Como no podía ser de otra manera, presenciamos el regreso del espíritu impuro del “mercado”. Según el evangelista Mateo 12:43-45, Jesús explica que cuando un “espíritu inmundo” sale de un hombre y luego regresa encontrando la “casa” vacía, barrida y adornada, trae consigo a otros siete espíritus peores. Eso representó el macrismo en el poder. Y otra vez el llano por la injusticia de la pobreza, de la desocupación y el robo de los empresarios que evadían al Estado y se llevaba sus fortunas a los paraísos fiscales. El regreso del “kirchnerismo” con Alberto Fernández no sólo significó una nueva derrota para el Movimiento Nacional, sino que abrió las puertas al peor del “espíritus malignos, el psicópata libertario y el actual padecimiento de la sociedad argentina, especialmente los más vulnerables, los jubilados, los discapacitados, la industria, la salud y la educación son los blancos de este gobierno.
En la Argentina actual, la palabra y el gesto de llorar tienen un significado profundo, especialmente en un contexto de destrucción y entrega del país en todos los planos. En este contexto, la frase de Moria -con su tono desafiante, casi terapéutico- invita a pensar más allá de la anécdota televisiva, a llorar como acto de reconocimiento de dolor frente a situaciones que nos sobrepasan, para las cuales no encontramos respuesta en nuestros dirigentes.
SOMOS UNA SOCIEDAD QUE LLORA.
Vivimos un momento de tensiones acumuladas. Durante 2025 y en lo que va de 2026, jubilados, trabajadores y organizaciones sociales realizaron movilizaciones reclamando jubilaciones dignas, mayor protección social y defensa del trabajo frente a políticas de ajuste fiscal que precarizaron aún más las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. Los reclamos de jubilados frente al Congreso tuvieron como respuesta palos, gases lacrimógenos, balas de goma, detenidos y heridos.
Ante esa postal de impotencia social, ¿por qué llorar se hace importante? Al llorar no solo mostramos a los demás nuestro dolor interno, nuestra bronca por las injusticias acumuladas, si lloramos junto a otros y por otros podemos convertir el llanto en signo de empatía, protesta, crítica, clamor y resistencia. Es la determinación de convertir el llanto en reivindicación política. Mantener la presencia constante del duelo colectivo es vital en los sistemas liberales que buscan “normalizar” el sufrimiento bajo la categoría de accidente inevitable.
CUANDO DEL LLANTO SE PASA A LA ACCIÓN.
Entre la represión y la acción. La metáfora de llorar frente a la represión -física o económica- encuentra en esta Argentina libertaria un sentido urgente. Llorar no solo por el dolor de las pérdidas materiales, sino también por el desgaste cotidiano que muchas personas viven al sentir que sus derechos son pisoteados o ignorados. Y a la vez, llorar puede ser una forma de movilizar conciencias, de llamar la atención de una sociedad que, muchas veces, se acostumbra a la injusticia.
En este sentido, la frase de Moria, muchas veces dicha en tono de chiste o desafío, puede leerse también como una invitación a enfrentar la realidad con honestidad emocional, “si querés llorar, llorá”, pero después de eso, seguí adelante, ponete en acción para cambiar esa realidad opresora y opresiva. El llanto acá no es resignación, sino un motor de transformación. En efecto, para que el llanto se exprese como crítica política tiene que ocupar el espacio público, ahí donde se juegan las dinámicas institucionales de justicia y el bien común que debe imperar en toda Comunidad Organizada.
Hay que terminar con la injusticia del “viejo verde” capitalista del que habla el tango “Acquaforte” que en Argentina representa el psicópata en el gobierno.
“Es medianoche, el cabaret despierta, muchas mujeres, flores y champán; va a comenzar la eterna y triste fiesta de los que viven sin saber adónde van.
Un viejo verde que gasta su dinero emborrachando a Lulú con el champán, hoy le negó el aumento a un pobre obrero que le pidió un pedazo más de pan.
Hoy puedo mirar con mucha pena los que otros años miré con ilusión y al ver esas mujeres, pobres flores de un día, me dan ganas de llorar y de reír con dolor.
¡Qué solo que me encuentro en medio de la orgía! ¡Qué ganas de gritar que tengo mi verdad! Yo sé que esa muchacha que hoy ríe con alegría, mañana será un trapo de la gran ciudad.
Pienso en la vida, las madres que sufren, los hijos que vagan sin techo y sin pan, vendiendo la prensa (cartoneando) ganando dos guitas, que triste es todo esto quisiera llorar”.