HISTORIA | 17 DE OCTUBRE

Por Ciro Annichiarico

Hace 72 años el pueblo trabajador argentino, sin intermediarios, decidió empuñar el lápiz que escribe la historia. Le quitó la agenda a los que imponen sus discursos y mandatos, y sobre la hoja que marcaba ese día, decidió escribir sus decisiones y llevarlas a la acción. Ni letras de molde ni exquisiteces literarias. Con errores de ortografía, con palabras precisas que salieron de los tornos, de las mezcladoras de cemento, de los matarifes, de las chacras y las oficinas, solo garabateó un nombre: Perón. Un nombre que, con la impresionante capacidad de síntesis que tienen los pueblos, encerraba todas las teorías y análisis políticos. Bastaba con escribir eso, leerlo en voz alta y además ir a gritárselo a la cara al poder. Perón. Más allá inclusive de la propia mirada de Perón. Como siempre sucede, los hechos precedieron a los análisis. No hizo falta más, los intelectuales vendrían después. Las teorías que siguieron, hasta hoy, tratando de “comprender” qué es lo que pasó ese día, qué es el incomparable Movimiento que aquel hecho histórico originó en la Argentina, y hasta hoy sigue vivo escribiendo nuestra agenda todos los días, conforman un océano de palabras tan inasible como líquida es la tinta que intenta explicaciones. En eso estriba, precisamente, la potencia del Movimiento Peronista: que unifica y sintetiza en una sencilla palabra mil volúmenes de análisis, dogmas y teorías. La palabra Perón, cuando la expresa, reclama y muchas veces impone el pueblo trabajador, el pueblo trabajador sabe perfectamente qué significado encierra.
Lo que el 17 de octubre de 1945 quiso decir el pueblo trabajador argentino, solo repitiendo una palabra, Perón, a la cara del poder, fue la síntesis perfecta de un programa político entero. Esa palabra, repetida y gritada sin cesar, desde aquel momento hasta hoy, surtió dos efectos: aturdir los oídos del poder, obligarlo a ceder y provocar el accionar recurrente en el tiempo de enemigos asesinos, representantes de ese poder interpelado; y por otro lado, la aparición también recurrente de falsificadores y traidores internos que pretendieron y pretenden atribuirle vidriosas interpretaciones, en despreciable beneficio propio.
El 17 de Octubre seguirá teniendo un profundo sentido, mientras el lápiz que escriba la palabra Perón siga siendo empuñado sin intermediarios por el pueblo trabajador, su único intérprete.

(Nota cedida por el autor al CENTRO DE INVESTIGACIÓN ACADÉMICA LATINOAMERICANO)

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