POSDEMOCRACIA – Nota XI | Jauretche anticipó el país que quiere Macri.

Arturo Jauretche (Argentina, 1901-1974)

Por Daniel do Campo Spada

Arturo Jauretche en su libro “Política nacional y revisionismo histórico” (A. Peña Lillo, Buenos Aires, 1959) plantea dos modelos de país en pugna. Uno de ellos, por más que el debate pertenezca aparentemente a otra época responde exactamente a los ejes que el sector de la grieta que encabeza (o al menos representa) el Presidente Mauricio Macri ha delineado para la Argentina.

En su gobierno, el líder de la alianza del PRO y la UCR mostró claramente lo que siempre dijo que deseaba. El único momento en el que no fue auténtico fue en la campaña electoral de 2015, porque después, en la acción, Mauricio Macri jamás de desvió ni un tranco de pollo del plan de la oligarquía.

Usemos textualmente las palabras de Jauretche porque son verdadera (y tristemente) proféticas cuando expresaba que “la estructura propuesta para la Argentina supone una reducida clase terrateniente, una mínima clase media, necesaria para la intermediación, la burocracia del Estado y la escasa técnica que demanda esta economía primaria y simplista”1. Es allí donde antes de ser gobierno Macri criticaba el desarrollo del satélite ARSAT diciendo que no entendía para qué “gastábamos” plata en eso si en el mundo había otros países que ya lo hacían y a quienes se los podíamos comprar. Un rector de la UTN de Haedo, en una graduación de ingenieros aeronáuticos contaba que la gran falla de los aviones Súper Étendard comprados a Francia era que durante la Guerra de las Malvinas los franceses nos cambiaron las claves del satélite y eso impedía la geolocalización en combate. Un satélite propio nos da no solamente orgullo sino soberanía.

Seguramente que no solo a los posdemocráticos les falta una pizca mínima de nacionalismo sino que por el contrario hay un enaltecimiento de lo extranjero. La famosa grieta, nos demuestra Jauretche, proviene casi desde el inicio de la vida independiente. Siempre compitieron dos modelos donde hay uno nacional y popular y otro excluyente y extranjerizante. En el mencionado libro sostiene que “los conflictos que han precedido a Caseros no han sido más que los distintos aspectos de la lucha entre el país que quería realizarse, según su modo americano y tradicional, y la finalidad británica de acomodarlo a su esquema imperialista”2.

Pero hay más. Solo en las primeras páginas de un libro que en realidad participaba de la polémica de las corrientes históricas nacionalistas y populares por un lado con la mitrista oficial por el otro, Jauretche denuncia cómo al modelo PRO europeo le molestan los territorios grandes como el de Argentina. Cuando la Casa Rosada con Mauricio Macri habla de descentralizar, en realidad está abandonando a cada provincia a su suerte. Las desigualdades no les importa porque consideran que cada territorio (que en la mayoría de los casos tienen la extensión de los países de Europa, por ejemplo) debe ser “eficiente” en su propia gestión. Por eso, completando lo que comenzaron el dictador Jorge Videla (y su Ministro José Alfredo Martínez de Hoz) y Carlos Menem (con el diseño de Domingo Cavallo) lo completa el macrismo.

Que cada provincia quede librada a su suerte con sus propios recursos habla del problema territorial y el plan británico. Londres nunca quiso que hubiera una república latinoamericana porque sería demasiado extensa y poderosa y por ende difícil de dominar. Aunque ahora la oligarquía mira a Miami, cabe el párrafo en el que Jauretche expresa que “su preocupación, por achicar el ámbito geográfico del país, porque eso no estaba en ninguno de los países de los que tomaban como modelo, se explica en la fantasía imaginativa con que sintiéndose europeos en América, el espacio y la magnitud les pareciera un obstáculo para realizar su París en el Río de la Plata”3.

En la mente de los neoliberales, a la Argentina le sobra gente. Ya en la época de Menem se hablaba de un país para cinco millones de habitantes. Una verdadera locura considerando que hoy tenemos 45 millones, casi duplicando la población en 50 años (en 1976 éramos 25 millones). Por eso, y no solo por una cuestión de desprecio de clase hacia los pobres no les preocupa establecer las barreras de contención hacia los más desfavorecidos de un modelo excluyente y que como decía 60 años antes don Arturo Jauretche mostraba lo peor de lo que hoy hemos bautizado la grieta de la posdemocracia.

1Jauretche, Arturo. Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires. A Peña Lillo. 1975. Pág. 23

2Jauretche, Arturo. Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires. A Peña Lillo. 1975. Pág. 21

3Jauretche, Arturo. Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires. A Peña Lillo. 1975. Pág. 25

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