OPINIÓN | Una reflexión a 50 años del Golpe de Estado

Por Marcelo E Albornoz.
(Director de Mayeutica Educativa)

Como docentes no debemos dejar de proponer espacios de significatividad educativa para abordar y problematizar temas de nuestra historia reciente y desde una mirada crítica ,ensayar un desenlace democrático.
Este año nuestro país conmemora un acontecimiento histórico de suma significación. El 24 de marzo se cumplen cincuenta años del último golpe de Estado cívico militar. Tengamos presente que durante el siglo XX coexistieron tantos gobiernos de facto como de derecho. Esta lamentable sucesión, se inició el 6 de septiembre de 1930 cuando el general Uriburu derrocó al primer presidente constitucional representativo y elegido democráticamente post reivindicaciones y pujas que originaron la ley Saenz Peña. Nos referimos a Hipólito Yrigoyen, quien padeció la interrupción de su segundo mandato , inaugurando de esa forma una violenta y repudiable inestabilidad política que encontró sus consecuencias más luctuosas , nefastas y sangrientas en marzo de 1976. En este mismo sentido, se torna imperioso recordar que aquel golpe fue protagonizado por los generales Videla, Agosti y Masera, sin soslayar , de ahí la importancia del ejercicio de la memoria, que tuvo como una de sus principales finalidades interrumpir y neutralizar el avance del proyecto nacional en aspectos sociales, políticos y económicos .
Retomando la cuestión del golpe, no fue casual la calificación que hacíamos en los primeros párrafos de cívico militar,porque sin la complicidad de unos, los otros no podrían haber avanzado. Concomitantemente con aquello, es dable resaltar que la potencia de turno que lo propició, EEUU, tuvo como intención instaurar el modelo neoliberal impuesto a sangre y fuego a partir del Terrorismo de Estado. Asimismo, es necesario destacar a los fines de contextualizar un poco más lo precedente, que nuestro país y la región fueron victimas de la guerra fría y en ese marco fue que los EEUU llevó adelante la Doctrina de la Seguridad Nacional a través de la cual “capacitó e instruyo” a los militares latinoamericanos( muchos de ellos futuros dictadores ) en la Escuela de las Américas (OAS) en Panamá.
Allí, se los formaba y entrenaba en una concepción ideológica autoritaria y de guerra total, en donde la política quedaba subordinada a los escenarios bélicos, según esta cosmovisión, el comunismo y sus aliados internos, demandaban medidas colectivas donde se involucrasen a otros gobiernos y países de la región. De esa forma, se iba legitimando la toma del poder por parte de las FFAA al igual que la violación a los DDHH como sucedió a posteriori con la Operación Cóndor. Ante lo precedente, considero apropiado transcribir una de las frases utilizadas por el fiscal Strassera en el jucio a las Juntas para ilustrar el grado de totalitarismo al que apelaron los militares:”Enseñar a leer, dar catequesis, pedir la instauración del boleto escolar o atender un dispensario, podían ser acciones peligrosas. Todo acto de solidaridad era sospechado de subversivo”.
Siguiendo con nuestro análisis del gobierno de facto presidido por Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez De Hoz, el binomio político y económico que dirigió el país en esos tenebrosos días , no tuvieron el más mínimo escrúpulo moral o reparo político para llevar adelante el módelo económico de acumulación y concentración.
A partir de ello y de manera maquiavélica , apelaron a diferentes recursos para su consecución como por ejemplo la declaración de “seguridad industrial” a través de la cual prohibieron todo tipo de actividad gremial, esto es , movilizaciones, protestas y huelgas, so pena de aplicar durísimas sanciones. Obviamente que con esa medida se buscaba un auténtico disciplinamiento social y laboral y esto solo pudo ser posible desde la arbitrariedad de un gobierno autoritario con la anuencia tácita o explícita de distintos grupos y sectores dirigenciales de poder (de allí el calificativo de cívico militar) .
También es justo reconocer ante ello , la heroica resistencia llevada a cabo por muchos militantes, personalidades y organismos de diferentes ámbitos. Muchos de los cuales, forman parte de los desaparecidos que aún esperan justicia. A los fines alusivos de lo anterior, destacamos como hechos e instituciones emblemáticas y representativas de denuncia y reivindicación, a las Madres, que prontamente inauguraron las históricas vueltas a la plaza de Mayo, al Movimiento Obrero Organizado, que desde la comisión gremial de los 25, lanzó desde la clandestinidad la primer huelga contra la dictadura, como así también, a las fuertes denuncias realizadas desde el Serpaj que le valió a Pérez Esquivel su merecido Nobel por la paz.
Continuando con el escrito , consideramos que nuestra obligación en fechas como la presente pasa por apelar a la memoria social y recordar, homenajear y reflexionar, para aprender de la historia y condenar fuertemente aquel período donde la dictadura cometió las más aberrantes violaciones a los derechos humanos , verdaderos delitos de lesa humanidad como quedó expresado en el prólogo del Nunca Más escrito por Ernesto Sábato:”De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio”.
Recordemos que aquel documento formó parte del material recopilado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) .Estos testimonios fueron tomados como elementos de prueba por parte de los jueces en aquel histórico juicio a las juntas.
Para concluir consideramos que es una obligación etica para con nuestra formación ciudadana y comprometida con el respeto a los DDHH, practicar el ejercicio de la Memoria Social e Histórica. Sobre todo ,en fechas simbólicamente constitutivas de nuestra Democracia y a partir de ello, cuestionar y rechazar fuertemente el negacionismo y todo intento de banalización de semejante período histórico.

Por ello, volvemos a decir vehementemente: Nunca Más.

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