Por Adriana Fernandez Vecchi
Es cierto que el pais hermano no ha consolidado un proceso que se venia gestado por la pandemia. Si miramos retrospectivamente vemos las luchas haciendo frente a las políticas de opuestas al campo popular
Sin embargo, en las últimas elecciones parece haberse diluido las expectativas de los resultados Además la baja participación en las urnas no parecía reflejar la actitud de los movimientos pre pandemia
¿Algo se quebró o a qué obedece esta aparente discontinuidad?
Podemos pensar que la pandemia haya congelado el espíritu de conciencia de derechos.
Que los procesos de la enfermedad hayan deteriorado a la población y que la haya diezmado.
Otra flanco, puede ser que las protestas hayan girado en torno a reivindicaciones puntuales y no al despertar de una conciencia política contra la derecha. Es cierto, que la tradición pinochetista se ha derramado durante mucho tiempo y se puede haber arraigado en algún fondo a través de la cultura y en la educación.
Otra cuestión es que los movimientos que ganaron la calle en lucha no hayan encontrado referentes en dirigentes capaces de ser portadores como sujetos emergentes del imaginario social.
Tal vez, la vivencia de estas elecciones puede ser el termómetro de lo lavado que resulta los valores democráticos y la necesidad de una transfusión de energía o renovación
Por otro, lado es un llamado a la dirigencia política del campo popular sobre formas y llegadas entre los actores populares y las estrategias de comunicación, las formas de escuchar los reclamos y las tácticas de resolución.
Hay mucho desánimo que levantar entre la pandemia y la crisis económica y social que desemboza este marco mundial. Cada partido tiene una herencia pesada que modificar. La necesidad es una: El derecho de vivir en paz