Por Daniel do Campo Spada
(TV Mundus – CEDIAL)
El período que va desde el derrocamiento de Juan Domingo Perón en 1955 hasta el Gobierno democrático de Héctor J. Cámpora en 1973 fue de una inestabilidad y movilidad tal que los historiadores no se ponen de acuerdo en cuál es el eje por el cual estudiarlo. La proscripción, persecución y asesinato de peronistas derivó en distintas líneas de resistencia y de vías políticas. Mientras que los militares se hicieron dueños del poder, que por algunos años simulaban cederle a partidos que no tenían el favor mayoritario de la ciudadanía también se gestaron procesos que fueron desde la resistencia clandestina a la guerrilla insurgente hasta la connivencia de agrupaciones políticas que terminaron siendo tolerantes de las dictaduras. La Iglesia Católico Romana (ICAR) y el empresariado fueron fieles laderos en la artera tarea de quitar derechos dados a los trabajadores con el eufemismo de “desperonizar” a la Argentina.Con el General en el exilio (Paraguay, Panamá, Nicaragua, Venezuela, Santo Domingo y España) el faro político miraba hacia donde él estuviera. Estuvo muy lejos de salir de la escena. Por el contrario, como si fuera una sombra, cada vez que estaba más lejos su figura se amplió cada vez más.

La proscripción del peronismo y las alianzas traidoras.
La proscripción al peronismo tras el Golpe de Estado de 1955 tuvo como cómplices desde partidos de centro derecha como el Demócrata Progresista (PDP), la Democracia Cristiana (DC), hasta las izquierdas como el Partido Socialista (PS) y el Partido Comunista (PC). No se quedó afuera de esta complicidad con la dictadura de Eduardo Lonardi (1896-1956) primero y Pedro Eugenio Aramburu (1903-1970) e Isaac Rojas (1906-1993) después. La Junta Consultiva que integraban diseñó el Decreto 3.855 que incluía penas de prisión a quienes incluso cantaran la Marcha en un espacio público o privado12.
Sectores de clase alta y de clase media lumpen salieron a romper y pisotear cuanto busco o cuadro había de Perón y Evita. No se salvaron ni las leyendas callejeras hablando de derechos sociales varios ni los juguetes o respiradores que dispusieran de algún logo que lo asociara a la Fundación Eva Perón o al Partido Justicialista. Hasta se llegó a desguazar ferrocarriles y autos por ser asociados a la prosapia de los años peronistas. El odio de clase era alimentado tanto por los medios de comunicación sostenidos por las cámaras empresarias (muchas de ellas extranjeras) y por los sermones eclesiales de las iglesias vaticanas.
Tras las masivas purgas en escuelas, colegios y universidades, no solo los docentes eran claramente antiperonistas sino que además buscaban adoctrinar en los valores “occidentales y cristianos” dispuestos por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en el marco del recrudecimiento de la guerra fría. Aunque el peronismo propiciaba la tercera posición para la Casa Blanca el peronismo era un fascismo peligrosamente cercano a ideas soviéticas. El que no se alineara en forma dócil a Washington ya convertía a la Argentina en un peligro para sus intereses.
La guerra represiva en cuerpo presente, encarcelando o asesinando a miles de dirigentes, militantes o simples adherentes al peronismo se prolongaba en una cruel guerra cultural, queriendo borrar o defenestrar los diez años emblemáticos en los que detrás de cada necesidad había un derecho. La música, los libros, las revistas y la televisión eran los espacios que buscaban consolidar los mensajes escolares.

En aquellos años, los alrededores o zonas de frontera de las ciudades eran espacios habituales de los migrantes (desde el interior y del exterior) y hacia allí se extendían con gran violencia las razias de las fuerzas policiales o directamente del Ejército. Allí bajaban en forma arbitraria a las personas de los colectivos y los ponían con las manos contra la unidad demorándolos por minutos u horas según el humor del jefe del operativo. Era una forma de hacerle sentir a los sectores populares que estaban en la mira del poder. Esta realidad cotidiana, comentada como un susurro en los lugares de trabajo (que utilizaban las llegadas tarde para justificar despidos injustificados) y en las familias, era invisibilizado en los medios de comunicación.
El miedo tiene dos lados. Los militares, como la mano armada del poder, querían imponer el miedo hacia el pueblo pero al mismo tiempo le tenían mucho miedo al posible resurgimiento del peronismo. Para los fascistas el justicialismo como concepto era como un fantasma que se escondía en las sombras. Los primeros que estaban seguros de que no había desaparecido era la misma oligarquía que como gran cambio social se fue refugiando cada vez más en exclusivos colegios privados para sus hijos, universidades pro-empresariales que salieron como hongos en la década de los 60 y recluyéndose en los barrios de la zona norte de la Ciudad de Buenos Aires.
Uno de los primeros focos de destrucción de la soberanía popular y sobre todo de la nacional fue la derogación por Decreto de la Constitución de 1949, la más progresista de la historia argentina y que amerita un capítulo aparte. La dictadura ya en manos de Aramburu restauró la de 1853 con las reformas de 1860, 1866 y 1898. La autodenominada “Revolución Libertadora” tuvo el apoyo de los partidos antiperonistas aunque estos habían participado libremente en la Constituyente de aquel año. Los principales puntos que los golpistas quisieron dar de baja fueron los derechos de los trabajadores, de los niños y de los ancianos, de las mujeres, las familias, el suelo y los recursos naturales y la independencia política.

El exilio de Perón.
La historia argentina ha demostrado que es cruel con sus líderes populares. José de San Martín (1778-1850) y Juan Manuel De Rosas (1793-1877) murieron en el exilio, en Francia y en Gran Bretaña respectivamente. Hipólito Yrigoyen (1852-1933) fue encarcelado en sus últimos años y Cristina Fernández (1953) se convirtió en presa política. Juan Domingo Perón no fue la excepción. Aunque murió en la Argentina solo vivió en el país su último año de vida luego de haber estado dieciocho años exiliado y proscripto. Por supuesto que estamos haciendo referencia solamente a quienes han sido presidentes y presidenta y al Padre de la Patria, porque si lo extendemos a los nombres de dirigentes y referentes el tema es muy extenso.
Cuando fue derrocado por el golpe oligárquico-eclesial romano católico en septiembre de 1955 el General sufrió un derrotero que hasta febrero de 1973 lo llevó por distintos países de América Latina (Paraguay, Panamá, Nicaragua, Venezuela y República Dominicana) para recalar los últimos doce años en la España del dictador Francisco Franco. En ese largo periplo sufrió una decena de intentos de atentados que fallaron gracias a la impericia de los perpetradores enviados por las sucesivas dictaduras militares argentinas y la protección de algunos servicios de inteligencia privados e incluso de la resistencia e insurgencia peronista que lograron abortarlos.
Con Perón refugiado en la casa de Juan Chávez (1901-1995), Embajador del Paraguay en Buenos Aires, los golpistas aceptaron la renuncia del mandatario elegido por el pueblo apenas unos años antes. Los paraguayos sentían gran ascendencia sobre el Presidente depuesto ya que este les había devuelto los objetos robados por las tropas del General Bartolomé Mitre (1821-1906) durante la nefasta y punitiva guerra de la Triple Alianza en el siglo XIX. En agradecimiento el Presidente guaraní Alfredo Stroessner (1912-2006), posteriormente convertido en dictador) nombró al fundador del Justicialismo como ciudadano paraguayo y General del Ejército de ese país.
Pocos días después, en el momento en que los jerarcas de la Iglesia Católico Romana (ICAR) y las organizaciones empresariales impulsaban el odio de las clases medias con todo tipo de patrañas y noticias falsas, Perón se trasladó en un operativo secreto a la Embajada paraguaya acompañado solo por el Mayor Máximo Alfredo Renner y el Mayor Ignacio Calceta. Casi inmediatamente desde allí se trasladaron en un auto al puerto para abordar la Cañonera Paraguay que estaba amarrada en Buenos Aires realizando reparaciones de rutina. Por una cuestión de códigos la Prefectura ofreció protección a la nave de guerra ya que las mismas son consideradas como si fueran embajadas, es decir, tierras soberanas del país de bandera.
Con la aceptación del flamante dictador Eduardo Lonardi, Perón transbordó a la Cañonera Humaitá el 23 de septiembre del mismo 1955. Tras negociaciones diplomáticas se arregló que Perón se fuera en un hidroavión que sectores golpistas amenazaron con derribar. Para evitar lo que sería un incidente con un país vecino también lo abordó el canciller Mario Amadeo (1911-1983) permitiendo que el primer destino fuera Asunción. A la población se le escondió la información para evitar manifestaciones populares a favor del mandatario derrocado.
Al llegar a la capital paraguaya se alojó en principio en una casa del empresario Ricardo Gayol y al día siguiente dio una entrevista a la desaparecida agencia de noticias estadounidense United Press International (UPI). Allí denunció que los responsables del Golpe de Estado habían sido la oligarquía y la Iglesia Católica Romana (ICAR). Ese reportaje fue comprado por la revista Así que era de Héctor Ricardo García que salteaba la censura y vendió 50 mil ejemplares en muy pocas horas.
Por presiones de la Central Inteligence Agency (CIA) de Estados Unidos, que había diseñado el Golpe y la dictadura en Argentina el Gobierno de Paraguay, alineado con la Casa Blanca le pidió que se retirara pronto. Sin embargo, le otorgó un Pasaporte de Paraguay con el que se movió hasta el regreso a la Argentina en 1973 ya como Presidente nuevamente electo por el pueblo.
Al llegar a Panamá el Presidente Ricardo Arias (1912-1993) le asignó una guardia personal de custodia que entre sus integrantes tenía a Omar Torrijos3 (1929-1981) quien luego sería un líder popular de ese país asesinado en 1979 en un atentado de la CIA.
Al no tener las presiones de la gestión cotidiana, Perón recupera sus habilidades intelectuales y empieza a escribir “La fuerza es la razón de las bestias”4. Cuando se encontraba en estas lides, alojado en el Hotel Washington la Guardia Nacional de Panamá descubrió un atentado que un Comando argentino enviado por el Ejército planeaba acabar con su vida. El caso se intentó disimular para evitar problemas diplomáticos porque tanto los regímenes del país centroamericano como la dictadura argentina respondían a la Casa Blanca.
También por presión de los medios de comunicación derechistas de Panamá que veían en Perón a un fascista anti-estadounidense en plena Guerra Fría, lo obligaron a partir a Nicaragua que estaba gobernada por el dictador Anastasio Somoza (alias “Tacho”, 1925-1980) ajusticiado en Asunción por un comando de la insurgencia peronista Montoneros en apoyo a la Revolución Sandinista.
En Argentina el dictador Pedro Eugenio Aramburu promovió una Ley para prohibir al peronismo en todas sus formas (fotos, canciones, menciones de los nombres, documentos, monumentos, etc.), mientras que al mismo tiempo los militares se robaron el cuerpo de María Eva Duarte embalsamado en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT) y lo hicieron desaparecer hasta la década de 1970 en donde lo devolvieron dañado.
Al año siguiente, en agosto de 1956 se traslada a Venezuela, donde jamás el dictador Marcos Pérez Jiménez (1914-2001) jamás se entrevistó con él aunque le destinó una discreta custodia porque lo sabía en la mira de la CIA estadounidense y el Ejército argentino. Igual, su presencia le incomodaba porque era un hierro caliente en su territorio. Consciente de que el magnicidio era una posibilidad latente Perón designó al joven John William Cooke (1919-1968) como su sucesor y coordinador de la resistencia peronista. El ex Diputado, que estaba detenido se escapó de la prisión de Río Gallegos junto a dos referentes del peronismo como Héctor J. Cámpora (1909-1980) que en 1973 sería Presidente y el empresario Jorge Antonio (1917-2007).
Mientras que en la Argentina intentaban “enterrar” la década peronista haciendo elecciones con la proscripción expresa del Justicialismo en donde los radicales a su vez se dividieron en la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) que salió segunda y la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) que salió tercera. El primer lugar lo obtuvo el voto en blanco, clara señal de lo político que indicaba que el pueblo peronista seguía siendo mayoritario a pesar del ensañamiento en prohibir y humillar a los dirigentes, simpatizantes e ideas que nutrieron la Doctrina diseñada por Perón.
Perón arribó a España en plena dictadura de Francisco Franco, quien como los otros dictadores que lo habían cobijado lo hicieron con relativa molestia, pero era sabido por toda esa generación de españoles que había sido la Argentina peronista la que les envió barcos con comida y remedios cuando después de la caída del nazismo alemán y el fascismo italiano había quedado aislada incluso por las potencias occidentales. Hasta que Estados Unidos tomó la posta en 1955 en el comienzo de la Guerra Fría, fue la Nación sudamericana la que les había dado un puente.
De todas formas, el régimen le impuso algunas condiciones que consistían que tuviera su vida lo más privada posible. El líder aceptó y no aparecía en los medios de comunicación españoles ni opinaba sobre la realidad del país que lo alojaba. Aunque teóricamente aparecía refugiado en la quinta Puerta de Hierro (que le había regalado la CGT) el portón de entrada de esa vivienda se convirtió en La Meca de la clase dirigente de la política y sindical argentina. El nombre de esa vivienda pasó a ser algo magnético articulando un eje “Argentina-Madrid” que duró hasta el regreso definitivo en 1973 cuando el Gobierno provisorio peronista de Héctor Cámpora le levantó las proscripciones.