Los posdemocráticos se burlan del lenguaje. Hay una línea que podríamos tomar en Ferdinand de Saussure y seguir hasta los antropólogos mas renombrados sin olvidarnos de Levy Strauss en la que entendemos que todo es Lenguaje. El hombre es lenguaje y allí radica la principal trampa de los enemigos de la democracia.
Los hombres que integran la alianza Cambiemos (PRO, Unión Cívica Radical y Coalición Cívica) se valen del manejo fino de los significantes (parte sensible de los signos) para alterar los significados (aspecto conceptual). Entonces, apelan a usarlos en una semiosis (expreriencia) propia en la que los resignifican.
Cuando los derechistas dicen “diálogo”, están refiriéndose a “hablamos nosotros y ellos escuchan”. Ese es su “diálogo”. En realidad la raíz etimológica de palabra, basada en la primer sílaba (“dia”, que proviene de “diada” en donde hay más de uno) implica contraponer versiones. La contraposición es un final abierto en el que se puedan contraponer las decisiones u opiniones originales.
Los posdemocráticos entienden como ·racionales” a aquellos que les dan la razón, pero no desde el diálogo o la argumentación sino directamente desde la genuflexión. Es decir que para ellos la razonabilidad es “escucharlos” y aceptar, porque han sido criados como si fueran el centro. Sus lugares sociales privilegiados y selectos los aisló de tal forma de la realidad que consideran que el suyo es el mundo natural. Como explicaba Roland Barthe en “Lección inaugural”, no hay nada más perverso que cuando el lenguaje naturaliza el poder. Y ellos se consideran naturalmente el poder.
En base a los linguistas que trabajan a sueldo para ellos, junto a la red de multimedios más grande que haya conocido la historia argentina, los posdemocráticos buscan apropiarse de los emblemas de los resistentes del campo popular. Uno de sus emblemas es el peronismo. En Argentina, a diferencia de otros países la palabra “peronismo” representa bandera e idea. Una bandera e idea que es contraria a la oligarquía. Sin embargo, todo movimiento amplio y heterogéneo tiene sus traidores. Hasta los imperios los han tenido. ¿Por qué no los tendría un partido político (dejamos para otro momento el debate justicialismo como partido o movimiento) tan polifónico? Por eso algunos personajes del propio campo sindical (el gastronómico Luis Barrionuevo, el mafioso Gerónimo “Momo” Venegas y hasta un camionero Hugo Moyano que fue y volvió) tendrán que explicarle a la historia cómo profanaron a Juan Domingo Perón cuando acompañaron a Macri a la inauguración de una estatua al líder de los trabajadores. Por supuesto que la lista de “racionales” se extiende al Diputado Diego Bossio o al Senador Miguel Ángel Pichetto.
Pero no solo de “racionales” se nutre la traición sino que además los medios de comunicación les entregan el mote de “peronistas”, al tiempo que a los verdaderos intérpretes de la doctrina justicialista con todo lo que ello implica le adosan un adjetivo complementario que es el de “kirchneristas”. Por supuesto que hay justicialistas “kirchneristas” como los hay “menemistas”, “neomacristas” y “fascistas”. Pero a todos estos últimos les regalan el significante emblemático, el que las semiosis sociales asocian a Perón. No faltan en este juego los que hablan de “limpiar el peronismo” quizás haciendo referencia en cuanto a excluir a quienes hicieron los 12 años más interesantes del peronismo del Siglo XXI. En las urnas, según las elecciones parlamentarias los del viejo justialismo apenas sacaron el 5 % en la Provincia de Buenos Aires y otros que son gobiernos provinciales estuvieron en alianza con el macrismo (Córdoba y Salta, por ejemplo).
En sus conceptos primarios el que tiene derecho es el dueño de la pelota y ellos pertencen a un círculo pequeño y cerrado de los que se creen dueños de la Argentina. En tanto dueños, consideran que tienen razón. Tampoco se les puede pedir mucho más porque la generación de los niños ricos que llegó al poder en la segunda década del siglo XX son generalmente ignorantes. Sus pensamientos son básicos y disponen de muy poca instrucción no en años o en rutilantes nombres de instituciones sino en sus propios conocimientos. Escuchar hablar al propio Macri, a Marta Michetti, María Vidal o bien muchos de sus Ministros como Guillermo Dietrich o Carolina Stanley es una prueba testimonial de personas con dinero y quizás con muchos viajes pero con pocos libros en prosapia.
…
______________________________________________________
______________________________________________________
CEDIAL TV
_________________________________
CEDIAL Radio
