PSICOLOGÍA |Globalización y condiciones psicosociales en el trabajo

Algunos comentarios sobre neoliberalismo y psicopolítica

Por Gerardo Codina –
Psicólogo (UBA)

1.

El rasgo más significativo, en nuestra opinión, de la actual globalización que se ha ido imponiendo en los últimos cuarenta años, es el predominio ideológico neoliberal asociado a ella. Neoliberalismo que impregna e impulsa la remodelación de todo el conjunto de las relaciones sociales, tendiendo a mercantilizarlas y condensarlas en su mera valoración financiera. Del mismo modo que se opera con la naturaleza.

La revolución tecnológica en el campo de la comunicación, el procesamiento de datos y el acceso a la información facilitaron y aceleraron enormemente ese proceso, pero no lo explican. Son herramientas a su servicio.

Esta globalización ahora atraviesa una fase de crecientes cuestionamientos en su dinámica global debido al surgimiento de tensiones, que se podrían denominar provisoriamente como “nacionalistas”, derivadas de las disputas por la hegemonía mundial y vuelve a estar amenazada de una agudización intensa de su crisis sistémica, aunque preserva, sin embargo, al neoliberalismo como ideología hegemónica.

Remarcan los franceses Pierre Dardot y Christian Laval (1) que, a diferencia del liberalismo clásico, en el neoliberalismo ya no se trata de limitar el accionar del Estado sobre la sociedad civil, sino de extender la lógica del mercado más allá de la estricta esfera económica del mercado y con ese fin reformar el funcionamiento interno del Estado de manera que sea la palanca principal de esa extensión. No se trata de “dejar hacer”, como hace cuatro siglos atrás, sino de un Estado activo para mercantilizar toda la vida social, aun a costa de ceder la autonomía nacional. Esto se asocia a que el actor principal de la época son las corporaciones llamadas multinacionales, porque operan a escala mundial o tienden a hacerlo, y a las consecuencias del neoliberalismo en nuestros países periféricos y dependientes, expresado en el accionar de élites subordinadas a los intereses globales como socios menores de ese poder económico trasnacional.

Al respecto dice Dardot “El neoliberalismo no gobierna principalmente a través de la ideología, sino a través de la presión ejercida sobre los individuos por las situaciones de competencia que crea. Esa “razón” es mundial por su escala y “hace mundo” en el sentido de que atraviesa todas las esferas de la existencia humana sin reducirse a la propiamente económica. No es la esfera económica la que tiende a absorber las demás esferas, sino la lógica de mercado la que se extiende a todas las otras esferas de la vida social sin destruir sin embargo las diferencias entre ellas.”

Estos autores no ven al neoliberalismo como exclusivamente un “mal” de los mercados financieros que tendrían como cometido destruir el espacio público, los bienes públicos, el “común” en su lenguaje. Más bien el neoliberalismo es un nuevo orden racional que va borrando tendencialmente la diferencia público-privado y que dispone de la potencia de apropiarse de los distintos órdenes de la vida hasta llegar a configurar el modo más íntimo de la vida del sujeto.

Para estos autores, funciona una suerte de promesa neoliberal que en su ejercicio cautivante constituye a los sujetos en su propio modo de ser. Podríamos decir que el resultado es una competencia de todos contra todos como proyecto existencial perpetuo, en el que la única medida de valor de las cosas y las personas es el dinero. Cuánto tengo, cuánto puedo gastar, es lo que determina en gran medida el valor de mi existencia. (2)

Como afirmaba el psicoanalista argentino Jorge Alemán (3) al comentar a Christian Laval y Pierre Dardot, “En el neoliberalismo los sujetos no sólo venden su fuerza de trabajo bajo la forma Mercancía, también existe algo que compromete al propio ser con un “capital humano” y un “espíritu empresarial” que lleva a la existencia misma a comportarse como una empresa. No se trata de tener una empresa ni de trabajar en ella, sino de existir bajo el mandato de convertirse a sí mismo y a la propia relación con uno mismo en capital financiero.”

Byung-Chul Han señala, en el mismo sentido que Alemán, que “hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reinventa”, pero a su vez constata que “La libertad de poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber.” (4)

Queda claro que el neoliberalismo no es más que capitalismo puro y duro, hiperconcentrado a escala planetaria, en el que se produjo la despersonalización incluso de las empresas. Empresas que en gran medida ya no son conducidas por sus propietarios sino por empleados. Empleados que, aunque estén muy bien pagos y terminen siendo socios minoritarios de la propiedad, también están sometidos a la regla de la intensificación de la producción, en ese caso de beneficios.

La despersonalización o deshumanización del capitalismo financiero se pone en evidencia aún en aspectos inusuales, como que el 65% de los activos financieros norteamericanos están operados por programas automáticos, en base a algoritmos y no por seres humanos, lo que acelera y mecaniza las reacciones bursátiles, según publicó en 2014 The Economics. El administrador de los fondos regenteados por el JPMorgan anticipó el riesgo de una mega crisis financiera, potenciada por estos automatismos. “El cambio de un billón de dólares a inversiones pasivas, estrategias de negociación computarizadas y mesas de negociación electrónica exacerbará las repentinas y severas caídas de las acciones, dijo Kolanovic” anotó Hugh Son en su artículo titulado “JP Morgan’s top quant warns next crisis to have flash crashes and social unrest not seen in 50 years.” (5) Esta deshumanización de las decisiones de inversión, más allá de los riesgos de amplificación de los ciclos económicos que presupone, desnuda que la única razón del capital es la maximización de la tasa de ganancia.

2.

La globalización generó en esta etapa neoliberal que transitamos las condiciones para el desplazamiento de la hegemonía indiscutida de la única superpotencia emergente del final de la Guerra Fría y el desarrollo de una progresiva multipolaridad, en gran medida debida a la incorporación de unos 800 millones de trabajadores chinos (más de un quinto del total mundial ) (6) a la producción de las cadenas de valor de la economía mundial. Este cambio copernicano del eje del desarrollo mundial del Atlántico al Pacífico, concentra progresivamente en Asia la mayor parte de la generación de riqueza y potencia el rol de un conjunto de naciones emergentes en el escenario político internacional. Al mismo tiempo, aceleradamente disputan la primacía en el terreno de la innovación científico técnica y por primera vez en años hacen peligrar la delantera norteamericana en tópicos cruciales de la 4º revolución industrial en curso.

Estos cambios tectónicos se suceden en medio de crecientes tensiones internacionales, que han detenido por primera vez en mucho tiempo el ciclo expansivo del comercio mundial. Se trata del que era el indicador favorito de los entusiastas de la globalización, la existencia de un intercambio comercial que se incrementaba por encima del aumento del producto global, señalando su creciente significación sistémica y el inter relacionamiento cada vez más estrecho entre todos los países (7).

Por otra parte, la pérdida de centralidad estadounidense no trascurre plácidamente ni se puede creer que los líderes que enarbolan la consigna de América First entregarán el trono con resignación. No sólo las sanciones se multiplican en un intento muchas veces torpe de hacer valer el hecho de que todavía disponen de un mayor peso económico relativo y de que su moneda se sostiene como el medio de pago del comercio global, si no que el propio poderío militar es puesto en juego en muchos lugares del mundo simultáneamente, bien que de modos contenidos o indirectos, dando lugar a una etapa de persistentes hostilidades que voces autorizadas como el Papa Francisco llaman “3ª Guerra Mundial en cuotas”.

Además de estas tensiones se agrega otra. Si la globalización por sí misma implicó una multiplicación de los migrantes como expresión de los intentos de superar los retos de la pobreza y el atraso, las guerras agregaron y agregan su cuota de desplazados y refugiados (8). Este se ha convertido en un factor adicional de desestabilización, incluso de los mercados laborales, en muchas naciones, particularmente europeas.

Lo que no generó la globalización neoliberal fue una estabilización del sistema capitalista mundial ni en sus ciclos económicos ni en sus ciclos políticos. Sucesivas crisis de magnitud variable pero tendencialmente más generalizables, como la precipitada por la quiebra de Lehman Brothers y el mercado de las hipotecas subprime en Estados Unidos y Europa en 2008, sacuden de modo periódico la realidad de este mundo, que crece a ritmos disímiles y reproduce sus desequilibrios en todas las esferas (9).

Un efecto no desdeñable que han traído aparejado las reiteradas inestabilidades integrales, como a la salida de la crisis mundial de los 30 del siglo pasado, ha sido la persistente derechización de las naciones centrales y la consecuente deriva autoritaria y anti democrática que se puede registrar en muchas de ellas, con matices diferenciales determinados por las singularidades de los procesos políticos nacionales, hasta el punto de que muchos se plantean en qué medida siguen siendo compatibles democracia política y este capitalismo hiperconcentrado.

Cuando muchos indicadores alertan sobre la posible nueva ocurrencia de un episodio semejante al de 2008, la presión por la derogación de un conjunto de garantías y derechos básicos de los trabajadores se generaliza y logra voceros incluso en foros como la OIT, donde las representaciones de empleadores de países como Estados Unidos o Inglaterra ponen en entredicho el reconocimiento del derecho de huelga en ninguna de las Convenciones del organismo, acordadas en una trayectoria de casi un siglo de negociones tripartitas y en su gran mayoría además, refrendadas por las respectivas legislaturas nacionales.

Por cierto que la disputa de poder a nivel global es algo que afecta a todos los habitantes del planeta, pero en especial a los que son de países periféricos y dependientes como el nuestro. Aquí también trascurre la disputa, en los intentos más o menos ocultos de incidir en los procesos políticos y económicos locales en función de los intereses geoestratégicos de las naciones centrales y las prioridades de sus agendas económicas.

3

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En esta globalización neoliberal que habitamos, así como la producción se ha hecho cada vez más social, enlazando trabajadores de todo el planeta en extensas cadenas de valor y también integrando cada vez más a todo el conjunto social en el proceso productivo, del mismo modo la producción de sentidos se encuentra cada vez más mediatizada por dispositivos que, en apariencia son ciegos y mudos, pero que sirven a la vez para comunicarnos, interactuar y producir información sobre nosotros. Información que se vuelve mercancía y se rentabiliza orientando las comunicaciones que nos llegan.

En esta doble posición de productores y consumidores, consumidos y producidos por el sistema neoliberal, nuestra condición humana se redujo a datos y nuestra condición ciudadana se sustenta precariamente en la posibilidad de permanecer en circulación, produciendo y consumiendo constantes novedades que se dejan de ser tales apenas las comenzamos a consumir. Rasgo que percibió agudamente Zygmunt Bauman cuando reflexionó sobre las identidades “líquidas” que caracterizan esta capitalismo tardo moderno y globalizado, y que se puede visualizar en el aferramiento de muchos, en especial adolecentes, a las marcas de moda, como señales de pertenencia y prestigio y a ciertos objetos que pueden ser vistos por los demás, como los celulares, aunque sea en la versión degradada de las copias piratas, en tanto que lo que verdaderamente importa es la apariencia y la foto es el acontecimiento. (Ver cita)

En este contexto, no podemos pensar los riesgos psicosociales en el trabajo, limitados al ámbito laboral específico en el que nos desempeñamos como trabajadores, aunque ese sea un aspecto necesario y además urgente para promover la protección y promoción de nuestra salud allí, porque ese lugar único y propio está inmerso, igual que nosotros, en este ambiente social que es, a la vez, local y global. Y porque estos cambios ocurren simultáneamente dentro y fuera de los ámbitos laborales, del mismo modo que la actividad laboral crecientemente trascurre a la vez, dentro y fuera del ámbito doméstico.

En la medida que la “socialización” de la fuerza de trabajo es cada vez más externa a la fábrica, Toni Negri llega a la conclusión que el capitalismo moderno termina convirtiendo a la propia sociedad en una fábrica. Como dijo en una charla que dio en 2003 en la fábrica recuperada Grissinópoli de Buenos Aires, “Hoy, desde el punto de vista de la extensión, los procesos de valorización no son procesos que se limitan a la fábrica, al régimen fordista de producción. Sino que son procesos que se extienden más allá de la fábrica, que envuelven una capacidad productiva, una cooperación, una producción de valores y de vínculo social que va mucho más allá del trabajo directamente comandado por el capital en la fábrica.” (10)

Por esto es entendible que, cuando Byung-Chul Han habla de la interiorización de la dialéctica del amo y el esclavo por el sujeto del rendimiento contemporáneo, lo coloque en un mundo sin empresas. Sin embargo, sólo considerando los dos mil mayores conglomerados multinacionales, su presencia en el mundo es tan abrumadora, que sus intercambios intrafirma (11) explican la mitad del comercio mundial. Y estos actores centrales de la actual etapa de mundialización del capitalismo, promueven dentro y fuera de sus límites su modo de “hacer mundo”, en términos de Dardot (12). Es lo ya constatado por Christophe Dejours en “Trabajo y sufrimiento” en 1998, en relación con quienes se desempeñaban como operarios de grandes empresas francesas, su caso para el estudio de “la evolución de las relaciones laborales en la empresa neoliberal”, como dice en el prólogo de la edición española de 2009. (13) La empresa es portadora y generadora de ideología, según la cual intenta formatear su entorno y a sus trabajadores.

Esto sucede debido a que las empresas, en general, producen cosas o servicios para que sean consumidas. Desde hace mucho, gran parte de sus preocupaciones entonces se concentran en atraer y seducir consumidores para sus productos. Crear necesidades, asociar sus productos a valores, reflejar nuevas tendencias, promover gustos, son también tareas que realizan, basadas en una persistente investigación psico social y cultural que se refleja en la producción publicitaria, cuyo rendimiento se expresa en la curva de ventas y de utilidades generadas.

Idealmente, las empresas desearían modelar a sus consumidores, fidelizarlos y lograr venderles todo lo que puedan, al mayor precio posible. No hay recetas para esto, pero al hacerlo también las empresas tratan de modelar la subjetividad de los consumidores a la medida de sus requerimientos. Si De la Garza señala con razón que en la nueva economía de servicios el “cliente” tiene destinado un lugar en el proceso productivo, como una suerte de supervisor externo y gratuito (en realidad, que paga por ocupar ese lugar) es porque ya está sujeto a la lógica de consumo que generó en su subjetividad la empresa.)

Sin embargo, mientras que el “sujeto de rendimiento tardo moderno” de Han interioriza la dialéctica del amo y el esclavo creyéndose libre, en las líneas de producción de Dejours, la organización y gestión del trabajo, incluso los reemplazos del personal ausente, pasa a ser responsabilidad de los propios trabajadores, obligados a ser flexibles e intensificar sus ritmos de trabajo para cumplimentar las metas cada vez más exigentes que les plantea la gerencia. En ese caso, la libertad de organizar el trabajo es una exigencia de la gestión toyotista.

Pero en ambos escenarios, cuando la crisis golpea la puerta por superproducción relativa u otra causa, el trabajo cesa y el costo del paro es trasladado a los trabajadores, parcialmente en el empleo regulado y donde existe una acción sindical y completamente, en forma de desocupación, en el aparentemente libre.

Veamos en otro caso que constata Héctor Palomino, a propósito de lo que denomina “régimen neoliberal de movilización de la fuerza de trabajo”, buscando explicar teóricamente la paradoja actual de las estrategias empresarias que, dice él “al mismo tiempo que propugnan el empowerment y la delegación en el trabajo, es decir componentes de autonomía laboral, inducen (…) un disciplinamiento basado en la flexibilidad contractual. Dicho más directamente, se trata del doble mensaje expresado en la exigencia de compromiso e involucramiento de los trabajadores en sus tareas, con la amenaza de despido impuesta por las condiciones de competencia salvaje. Un caso límite en este sentido lo constituyen los conductores de taxis de la ciudad de Buenos Aires que, si hasta los ’80 se autoidentificaban como trabajadores asalariados, actualmente se autodefinen como “proto-empresarios” que alquilan el vehículo –es decir un bien de capital- a sus propietarios. Es decir que de asalariados han pasado a ser microempresarios, sin que sus tareas y seguramente también sus ingresos, se hayan modificado en lo más mínimo. La diferencia es que ahora estos conductores deben contratar por sí mismos un servicio de salud y aportar a su jubilación privada, relevando al propietario del vehículo de estas obligaciones.” (14)

Situación que esta ha sido exasperada por la irrupción de la multinacional norteamericana Uber (por citar un caso, entre otros semejantes), utilizando una aplicación para teléfonos inteligentes, que rentabiliza no sólo el trabajo sino también el capital -los autos- de sus “asociados”, para extraer ganancias.

4.

Estos conglomerados trasnacionales que mencionábamos son un gigantesco mecanismo de acumulación de riquezas en un vértice cada vez más pequeño y poderoso, que además elude gran parte de sus obligaciones impositivas en cada uno de los países en los que opera, con lo que generan una enorme masa de recursos adicionales, sustraída a los fondos públicos, al financiamiento de los bienes públicos.

Oxfan calculaba en un informe publicado el 16 de enero de 2017 “que tan sólo ocho personas (ocho hombres en realidad, señala) poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, 3.600 millones de personas.” El nuevo informe de este año, 22 de enero, indica que “el 82% de la riqueza mundial generada durante el pasado año fue a parar a manos del 1% más rico de la población mundial, mientras el 50% más pobre –3 700 millones de personas– no se benefició lo más mínimo de dicho crecimiento.” (15)

O sea, no sólo se acumula riqueza en una ínfima minoría, sino que la mitad más pobre de la población mundial no se beneficia en nada con esa mayor riqueza. Esta enorme violencia estructural del neoliberalismo a escala planetaria se reproduce, a veces de modo solapado y muchas otras, de modo abierto y brutal, en la que ejerce para implantarse y sostenerse cada vez que es cuestionado su dominio. Dentro y fuera de las empresas, dentro de los sujetos de la cultura del rendimiento y a nivel de sociedades enteras, sometidas por terror a su dinámica. Sin violencia, sin terror, no es posible el disciplinamiento y la cooptación “voluntaria” que requiere de las mayorías.

El caso más extremo fue en nuestra América el chileno. “Vencida la resistencia popular por el ataque artero de las fuerzas armadas, exterminados miles de opositores, torturados y condenados al exilio otras decenas de miles, y gobernando el país con puño de hierro a favor de la minoría más concentrada del capital, se procedió a implantar en gran escala un régimen neoliberal de la economía, las relaciones del trabajo y la previsión social. Treinta y ocho años después se ven todas las consecuencias de este primer experimento neoliberal mundial, antecedente inmediato de las reformas neoconservadoras de Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos”, anotamos en un trabajo reciente (16).

Sobre la base de ese duro disciplinamiento que implicó la desarticulación de los colectivos de trabajadores es que, como afirma Gómez Leyton “la concepción neoliberal se ha vuelto dominante y hegemónica no sólo a nivel de las elites y sectores capitalistas, sino que también ha logrado permear a todos los grupos sociales que viven en ella, produciendo de esa manera una cultura, una economía, una política, una ciudadanía y un estilo de vida profundamente neoliberal” (17).

El neoliberalismo puede volverse hegemónico en esas condiciones y en un suelo cultural donde ya era hegemónica la legitimidad del capitalismo. En este sentido es dable pensar el doble efecto de la naturalización como fenómeno psicosocial. Por un lado, como efecto de la imposición o la constatación de una correlación de fuerzas desfavorable y, por el otro, como un mecanismo de defensa frente a la angustia que eso produce en quienes lo sufren. En este sentido, la naturalización de las condiciones de trabajo tendría un efecto protector en el psiquismo de los trabajadores, que se podría articular con el “principio de realidad” freudiano. Sin embargo, también puede operar como un factor “conservador” de las malas condiciones de trabajo, si paraliza la acción colectiva tendiente a modificar activamente esa correlación de fuerzas que la sostiene o impide ver cuándo se han modificado las condiciones sociales que la hicieron posible.

Nosotros hemos vivido momentos en los que el terror ha sido instrumentado para rediseñar aspectos significativos de la vida social. No sólo en dictadura, con el terrorismo de estado. También con las hiperinflaciones, antesala de las privatizaciones y las desregulaciones de los noventas, cuando vivimos una década anestesiados con una dolarización ficticia y con la hiperdesocupación que todo eso trajo hacia finales de la misma década y que se potenció a consecuencia de la violenta crisis global de principios de este nuevo siglo. Se trató de formas peculiares de shock, instrumentadas con los mismos propósitos que las desarrolladas por Naomí Klein en su obra La doctrina del Shock. El auge del capitalismo del desastre (18).

Los estados de shock también son un insumo para la profundización del régimen neoliberal. Dice Han “El régimen neoliberal instrumentaliza radicalmente este estado de shock. Y ahí viene el diablo, que se llama liberalismo o Fondo Monetario Internacional, y da dinero o crédito a cambio de almas humanas. Mientras uno se encuentra aún en estado de shock, se produce una neoliberalización más dura de la sociedad caracterizada por la flexibilización laboral, la competencia descarnada, la desregularización, los despidos. ”(19) En estos días los argentinos volvemos a ver esta película.

5.

Las novedades en el terreno de las tecnologías de la comunicación y la información amplificaron el campo de acción de renovadas estrategias de control e intervención política. El manejo de la información, (qué es público y qué no, cuándo se conoce y de qué forma, cómo se nombra, quién lo comunica y dónde, cuáles son los interlocutores) siempre estuvo enlazado al ejercicio del poder. Es una de las dimensiones en la que se expresa.

También la manipulación emocional y el falseamiento de la información son de antigua data. Los antiguos griegos ponderaban la astucia como un rasgo valioso que permitía a los héroes (humanos) escapar, al menos por un momento, de la voluntad de los dioses o del dominio de los cíclopes, como hizo Odiseo que engañó a Polifemo y liberó a sus hombres.

También desde antaño, no sólo se trata de engañar al adversario, sino de movilizar las voluntades colectivas en una determinada dirección que responda a los propios intereses. Byung-Chul Han le puso nombre a la modalidad actual de manipulación y control denominándola psicopolítica, en contraposición con la biopolítica descrita por Foucault. Han define la “psicopolítica neoliberal” como “la técnica de dominación que estabiliza y reproduce el sistema dominante por medio de una programación y control psicológicos.” Esta nueva estrategia de poder “no opera de frente contra la voluntad de los sujetos sometidos, sino que dirige esa voluntad a su favor. Es más afirmativo que negador, más seductor que represor. Se esfuerza en generar emociones positivas y en explotarlas. Seduce en lugar de prohibir.” (20)

Una y otra, bio y psicopolítica, coexisten como vemos en la agenda política argentina en torno del debate sobre la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, que se proyecta en el incipiente debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado y la puesta en escena del escándalo de los arrepentidos de la obra pública, orientado a criminalizar a la anterior administración nacional. En este último caso, se combinan todos los recursos de acción política, los viejos y los nuevos, para montar un escenario que descalifique a la oposición, y a la vez para distraer de una severa crisis en desarrollo, financiera, económica, social y política, que nos retrotrae a los peores momentos de nuestra historia reciente, crisis que, entre otras manifestaciones, se expresa en una universidad paralizada y ajustada.

A los expedientes clásicos de la política, incluyendo la movilización callejera de bases electorales propias, la derecha neoliberal sumó activamente la operación en las redes donde trata de conformar “acontecimientos”, como lo hacen los grandes medios de difusión, al decir de Masotta.

Pero agregan la publicidad política encubierta y dirigida con las mismas estrategias de microtargeting desarrolladas usando Facebook, para lo que fue diseñado Facebook. Como escribe Byung-Chul Han en Psicopolítica, “Los residentes del panóptico digital, por el contrario, se comunican intensamente y se desnudan por su propia voluntad. Participan de forma activa en la construcción del panóptico digital. La sociedad de control digital hace un uso intensivo de la libertad.”

Pero no nos espían. Ni leen lo que escribimos. Registran dónde y cómo nos conectamos, con quiénes, qué compartimos, a qué le damos “me gusta” y otras marcas que vamos dejando todo el tiempo. Son los “metadatos” que Cambrigde Analytica (21) y otras firmas hacen un tiempo usan para definir audiencias específicas para cada producto. Una vez calificados dentro un perfil de personalidad, y usan mucha psicología conductista para esto, diseñan mensajes para nuestro consumo, noticias falsas que nos pueden resultar verosímiles, que estamos predispuestos a creer, y que nos impactan y muchas veces nos generan odio y con eso, nos mueven a la acción; una acción que dirigen sin hacerse ver ni sin que los conozcamos. Lo verosímil tiene efecto de verdad en nosotros y tiene consecuencias en nuestras acciones.

6. La producción de verdad

Claro, verosímil es aquello que tiene apariencia de verdadero, que resulta creíble para quien lo percibe. Esto no implica que se trate de una situación real, sino que es transmitida en un contexto determinado, respetando una serie de reglas y manteniendo un nivel aceptable de coherencia entre los diferentes elementos que la constituyen. Así, en una obra artística la verosimilitud está vinculada a la coherencia dentro de un universo propio. Y produce un efecto de verdad en el espectador o lector.

Es importante no confundir lo verosímil con real o verdadero: la verosimilitud se relaciona con el respeto por las normas internas de la obra. Por lo tanto, el espectador o lector cree que lo expuesto es coherente o congruente, aunque sepa que es irreal, fantasioso o ficticio. Esto sucede porque antes de entrar al teatro, al cine o de abrir una novela, quien va a su encuentro sabe que tiene ante sí una ficción, que él (o ella) debe sostener con su credulidad y que sólo entonces, con su complicidad, puede funcionar como verosímil. Esta capacidad humana de experimentar emociones y pensar situaciones que no suceden pero que pueden ocurrir si se dieran determinadas condiciones o premisas, ficcionándolas, abrió la puerta para el desarrollo de todas las artes y nos alejó radicalmente del orden biológico.

La cuestión cambia de carácter y a pasa a ser disvaliosa si se piensa al periodismo o a los procesos judiciales como géneros de ficción, manipulables por el poder, y respecto de los cuales gran parte del público no tiene habitualmente ningún elemento de discernimiento crítico independiente, más que la posibilidad de creer o no creer. ¿Cómo estar seguro de que el hombre efectivamente llegó a la luna, tal como se vio por televisión? Las imágenes son ficcionables. Es lo que todo el tiempo nos muestra también la televisión. La creencia sólo se alcanza creyendo al medio (o a la pluralidad de voces autorizadas que refrendan su afirmación).

La certeza respecto de una afirmación cualquiera seguramente será más accesible para aquel cuyos prejuicios son confirmados por la nueva información disponible, aunque no tenga instrumentos como comprobar de forma independiente la verdad de lo que se le trasmite. De modo que se retroalimenta con facilidad en la medida que se corresponde con nuestras creencias previas, más cuando se asocia a emociones intensas, como el odio.

Las “noticias falsas” explotan esta brecha en la percepción humana de la realidad con más facilidad en situaciones donde existe mucha masa de información sobre procesos complejos y contradictorios, en los que se vuelve difícil para la mayoría producir discernimiento crítico, lo que los coloca en posición de dependencia respecto de decodificadores reconocidos. En ese contexto, las palabras que confirman juicios previos, tienen efecto de verdad en quien la escucha e impacta en su conducta, más allá de toda posibilidad de verificación de su certeza.

No tenemos mayor defensa para esto. Salvo la lectura crítica, porque somos consecuencia de nuestra sociabilidad. Trabajar juntos nos ha hecho evolucionar como especie. Y es por ello que, sosteniendo la posibilidad de experimentar lo verosímil como verdadero y toda la trama de nuestras relaciones, la lengua opera como una expresión de la realidad y los relatos, como una relación de los hechos. Como señala sagazmente el autor de Sapiens, el israelí Yuval Harari, “Los humanos somos capaces de cooperar con millones de humanos, sin conocerlos. Y es gracias a esta capacidad para creer en los relatos.” (22) Es el lenguaje el que nos hace humanos y le da forma a la realidad y nos afecta en nuestra relación con ella.

Lo verosímil debe traspasar la prueba de la realidad, de la experiencia concreta, cuando asume una importancia significativa para el sujeto. Nuestra opinión nunca es sólo nuestra. En la medida que podemos, la forjamos en grupo y más cuando el entorno es incierto para nosotros. Por esto, los intentos de control absoluto siempre tienen fisuras, son una utopía, un horizonte inalcanzable. Pero entre tanto, estas acciones como las “noticias falsas” o la llamada “lawfare ”(23), generan efectos, aunque sea en el corto plazo. Plazos que a veces son decisivos en la lucha política.

7.

La realidad de las condiciones del trabajo en nuestro país es esencialmente heterogénea. Conviven las absolutamente precarizadas con otras fuertemente reguladas, muchas de muy bajo nivel de productividad con otras, por el contrario, de muy elevados niveles de sofisticación. Tareas de nulo registro del acelerado proceso de cambios que sucede a nivel mundial y otras que adelantan el futuro posible, también entre nosotros. ¿Qué tienen en común? En la mayor parte de los casos, quienes las realizan reivindican su condición de trabajadores y quienes se sienten desprotegidos, tienden a buscar en la acción colectiva, y en especial, en la organización sindical, una respuesta a su precariedad. Es que en nuestra historia se asocia fuertemente la acción sindical, a la lucha por la vigencia o la reconquista de derechos y a la demanda de la presencia reguladora del estado en el conflicto social, pero una presencia favorable a las necesidades de los trabajadores.

No es un hecho casual. Expresa más de 160 años de sindicalismo en nuestra corta historia nacional y una densa trama organizativa e ideológica que nutre y sostiene el accionar colectivo. Se expresó ya en los noventas, durante la segunda oleada neoliberal que sufrimos como sociedad, en la estructuración de los diversos movimientos de trabajadores desocupados, que eligieron definirse de ese modo, como trabajadores (y el significante constituye), y no como los excluidos que eran. Esos mismos movimientos quince años después asumen la formación de una organización sindical (de los trabajadores de la economía popular) y procuran integrarse a la Confederación General de Trabajadores.

“Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. (…) En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.” (24), dice Han.

Aferrarse a la identidad de trabajadores, resistiendo en las propias empresas en la medida de lo posible, mientras se organizaba la disputa de fondos públicos que asegurarse la continuidad de la supervivencia, fueron actos colectivos de afrontamiento a las duras exigencias de una política que les volvía la espalda. Y acciones de promoción de la salud mental colectiva. Interpelando a todos los estamentos de la sociedad no se permitió la privatización del drama que atravesaban. Al revés de los sujetos de rendimiento de Han, nuestros compañeros sabían contra quién rebelarse por el fracaso social que les tocaba vivir y padecer.

CITAS

1.- Christian Laval y Pierre Dardot, La nueva razón del mundo. Ensayo sobre la sociedad neoliberal, Gedisa, 2013 y Communs, Essai sur la révolution au XXIe siècle La Découverte, 2014.

2.- https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-ideologia-politica-economica-forma_6_312228808.html

3.- Jorge Alemán “¿Qué es la subjetivación neoliberal?” Nota publicada en el diario Página 12, Buenos Aires, el 5 de junio de 2017.

4.- Byung-Chul Han. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder, Barcelona, España.

5.- https://www.cnbc.com/2018/09/04/jpmorgan-says-next-crisis-will-feature-flash-crashes-and-social-unrest.html. Publicado el 4 de setiembre de 2018. “The trillion-dollar shift to passive investments, computerized trading strategies and electronic trading desks will exacerbate sudden, severe stock drops, Kolanovic said”, dice el original en ingles.

6.- Según el Banco Mundial para 2017, un 22,78% de la población activa mundial (3.453 millones) era china (786.738.210). https://datos.bancomundial.org/indicador/SL.TLF.TOTL.IN

7.- “En 2016, el volumen del comercio mundial de mercancías registró el crecimiento más bajo desde la crisis financiera de
2008; alcanzó tan solo el 1,3%, es decir, la mitad que en 2015, y se situó muy por debajo de la media anual de crecimiento del 4,7% registrada desde 1980. El escaso crecimiento del comercio en 2016 se debió en parte al débil crecimiento del PIB, de tan solo el 2,3%, lo que representa un descenso con respecto al 2,7% alcanzado en 2015, y se sitúa asimismo por debajo de la tasa anual media del 2,8% registrada desde 1980. En los últimos años también ha sido menor la relación entre crecimiento del comercio y crecimiento del PIB, que tras la crisis financiera bajó a alrededor de 1:1. Esto contrasta con el crecimiento del comercio registrado desde la Segunda Guerra Mundial, que ha sido 1,5 veces más rápido en promedio que el PIB mundial. Además, el año pasado, por primera vez desde 2001, esa relación descendió por debajo de 1, a 0,6”, escribe el Director General de la Organización Mundial de Comercio Roberto Azevedo en el Examen Estadístico del Comercio Mundial, OMC, diciembre de 2017.

8.- La misma fuente calcula para 2015 un total mundial de 243.192.681 personas migrantes.

9.- https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=10141. Tobías Adrian El sistema financiero es más sólido, pero en la década transcurrida desde la crisis han surgido nuevas vulnerabilidades.

10.- https://www.lavaca.org/notas/toni-negri-tenemos-que-buscar-nuevas-formas-de-organizacion/

11.- “El comercio intrafirma es la expresión de la integración internacional de la producción, como resultado de las decisiones de las empresas transnacionales acerca de la localización de sus actividades productivas en diferentes regiones del globo”, definen Durán Lima, José y Ventura-Dias, Vivianne en su trabajo “Comercio intrafirma: concepto, alcance y magnitud” (2003), https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/4384/1/S2003732_es.pdf

12.-Saguier, Marcelo y Ghiotto, Luciana (2018) afirman, en su trabajo ‘Las empresas transnacionales: un punto de encuentro para la Economía Política Internacional de América Latina’, publicado en la revista Desafíos vol. 30, núm. 2, Universidad del Rosario, “La construcción de un orden neoliberal [en AL] durante la década de los noventa estuvo asociada no solo a la liberalización y desregulación económica para integrar las economías nacionales a los flujos globales de inversión, comercio y tecnología, sino también a un papel preponderante que adquieren las ETN como actores “políticos” en la gestión y regulación de procesos socioeconómicos a escala nacional y transnacional.” https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/desafios/a.6222
13.- Christophe Dejours. Trabajo y sufrimiento. Cuando la injusticia se hace banal. Éditions du Seuil, 1998. Modus Laborandi, 2009.

14.- Héctor Palomino. Trabajo y Teoría Social: Conceptos Clásicos y Tendencias Contemporáneas. 2008.

15.- https://www.oxfam.org/es/sala-de-prensa/notas-de-prensa/2018-01-22/el-1-mas-rico-de-la-poblacion-mundial-acaparo-el-82-de-la

16.- Gerardo Codina. El caso chileno de la reforma previsional. Revista Tesis 11 nº 127. Buenos Aires.

17.- Gómez Leyton, J.C. 2014. “Chile: 1990-1997. Una sociedad neoliberal avanzada”. En Revista de Sociología N° 21, 53-78. Citado por Roxana Valdebenito y Militza Meneses.

18.- Klein, Naomi. La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre. Paidós. Buenos Aires, 2017.

19.- Arroyo, Francesc. Reportaje a Byung-Chul Han publicado el 22 de marzo de 2014 con el título «Aviso de derrumbe». Diario El País, Madrid, España.

20.- Byung-Chul, Han (2014). Obra citada.

21.- https://cambridgeanalytica.org/

22.- https://elpais.com/elpais/2018/08/20/eps/1534781175_639404.html

23.- Guerra jurídica en inglés. Como escribió Oscar Laborde “El término describe “un modo de guerra no convencional en el que la ley es usada como un medio para conseguir un objetivo militar” y es utilizado con este sentido en Unrestricted Warfare, un libro de 1999 sobre estrategia militar (…) Y en esta guerra hacen uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político. Combina acciones aparentemente legales con una amplia cobertura de prensa para presionar al acusado y su entorno (incluidos familiares cercanos), de forma tal que sea más vulnerable a las acusaciones sin prueba.” Publicado en Página 12 con el título “La guerra jurídica o Lawfare”, el 4 de enero de 2018.

24.- Byung-Chul, Han (2014). Obra citada.

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