esclavitud

FILOSOFÍA | Para una reflexión sobre el diálogo del amo y el esclavo

Hegel
Hegel

Por Alberto Carli
(Médico y Dr. en Medicina)(1)

En 1806 Hegel, en su libro Fenomenología del Espíritu, nos hablaba del diálogo del amo y el esclavo. ¿En qué consiste? Ambos tienen deseo pero el amo es amo porque, en su afán de satisfacerlo, no teme por su vida. El esclavo es tal, porque renuncia a su deseo para no perder la vida. Se instala así el deseo en la historia del pensamiento occidental (2).
Distintos autores re-trabajaron la idea que, en su gran riqueza, sirvió hasta para entender el amor (Sartre). En una relación amorosa alguien ocupa el lugar de amo, se enseñorea en el juego del deseo, mientras que el otro funciona como esclavo. Este funcionamiento lo hace perder su condición humana y quien detenta la posición dominante pierde así su interés, y con ello terminaría el amor.
Fue Marx quien la utilizó para mostrar la relación entre los amos (los capitalistas) y los esclavos (la clase trabajadora) y entendía que aquellos perdían su capacidad creativa al no ejercerla y dejaban la actividad en manos de quienes efectivamente la realizaban, los trabajadores, los esclavos humanizados por el trabajo que así lograrían hacerse del poder. Esta vuelta mostraba lo mismo, desde otro ángulo, el de la lucha de clases.
esclavitud En 1963, Joseph Losey, director de cine estadounidense perseguido por el macartismo y emigrado a Inglaterra, filmó una película El sirviente con el gran actor británico Dirk Bogarde en el papel principal en la que, basado en una corta novela de Robin Maugham, se muestra cómo se juega esta relación de poder en una simple trama en la que un joven de fortuna pierde paulatinamente el dominio de su casa a manos de un mayordomo manipulador.
La idea del deseo fue abordada desde diferentes construcciones teóricas. El psicoanálisis en la lectura de Jacques Lacan lo ubicó en las vecindades de la angustia asumiendo que sin angustia no es posible el deseo.
Vivimos tiempos en los que, de lo que se trata, es de evitar la angustia, no de tramitarla. Basta con prender el televisor, escuchar la radio o leer cualquier revista para entender que la angustia busca ser eliminada de nuestra vida cotidiana. En un esfuerzo permanente de olvidarla, en un ejercicio maníaco de la alegría. El complejo de Enseñanza-Aprendizaje de cualquier disciplina, por ejemplo, debe estar desarrollado con estrategias entretenidas, que convoquen la atención de quienes están en posición de alumnos mediante actividades divertidas.
Si la angustia es evitada, el deseo es anulado. Con lo que diríamos que éste debería ser un llamado de atención para quienes se dedican al campo de la enseñanza.

decarli_amo_esclavoLa figura que presentamos sintetiza las diferentes denominaciones utilizadas en el tema por disciplinas como el psicoanálisis lacaniano (Real, Imaginario y Simbólico), la filosofía (Cosa, Sentido y Arbitrario), la semiótica (Referente, Significado y Significante) y la pedagogía (Texto y Contexto, Actitudes y Emociones, Conocimiento y Destrezas) (3).
Pero, ¿qué pasa en el campo de lo social? Marx utilizó, como vimos, el diálogo del amo y el esclavo para su “lucha de clases”. ¿Cuáles serán las consecuencias de estar viviendo un momento histórico en el que el deseo es atenuado, disminuido, empequeñecido, hasta anulado? Este mundo postmoderno en el que nos encontramos representa un desafío para el pensamiento. En el pasado, las clases trabajadoras luchaban por lograr una mejor calidad de vida por la que los capitalistas, que ya la tenían resuelta, no se preocupaban. Como expresión de esa lucha de clases el marxismo ubicaba como objetivo histórico la toma del poder por esas clases trabajadoras.
Sin angustia no hay deseo y pareciera que la estrategia de dominación como una resultante, casual o calculada, incluye la anulación de la angustia y consecuentemente del deseo motorizador de la historia humana en sus distintas expresiones.
Vivimos tiempos en los que ha caído la simbolización y esta caída adopta diferentes formas. En una Tesis de Doctorado que dirigí encontramos que alrededor del treinta por ciento de los estudiantes universitarios no alcanzaban el pensamiento abstracto (4). Si éste es el resultado en el nivel superior educativo será posible inferir resultados semejantes en otros estratos de la sociedad. La caída del número de palabras como expresión del déficit simbólico tendrá una relación directa con el pensamiento desarrollado y, por lo dicho más arriba, con la capacidad de abstracción.
A esta altura el lector podrá estar desconcertado por el giro que ha tomado esta nota en la que intentamos entender cuál es la situación histórica de la relación entre las clases dominantes y las dominadas.
Las clases más bajas de la sociedad se encuentran en un momento histórico en el que su capacidad de lucha para lograr mejores condiciones de vida está disminuida. Su resistencia está minada, grandes sectores han sido desplazados del núcleo social, condenados a condiciones infra-humanas. Lo que nos interesa es pensar en esas condiciones que no son sólo de tipo económico sino que implican una pérdida de aquellas capacidades sintetizadas en el diálogo del amo y el esclavo de que hablaba Hegel.
Desde mediados del Siglo XX creció un movimiento cultural que no llegó a tener la unidad doctrinaria de una escuela filosófica pero que, desde su aparición, ha marcado la vida de Occidente. Nos referimos a la postmodernidad (5). La clase proletaria enajenó sus luchas en beneficio de la de grupos que privilegiaban otras categorías (mujeres, grupos minoritarios, homosexuales, pueblos originarios, etc.). El desarrollo tecnológico, contexto de una clase sin capacidad de simbolización, hizo que se sumara a todo lo dicho una carencia de saberes con los que afrontar la lucha por la subsistencia. En nuestro país una diputada nacional neoliberal, la ya olvidada Adelina Dalesio de Viola, pronunció una frase que define con claridad meridiana la condición postmoderna de la clase trabajadora. “Los proletarios ahora quieren ser propietarios”, explicitando la renuncia a las luchas sociales en favor de una búsqueda del bienestar particular.
esclavitud_1El ideario postmoderno invadió diferentes estratos de la vida. Se puso en cuestión la Modernidad, la ciencia pasó a ser un discurso, la historia perdió sus totalizaciones en beneficio de la micro-historia, se instaló la idea de acontecimiento, se negaron las verdades en beneficio de las interpretaciones, se privilegió la condición de hombre de empresa por sobre la de hombre de Estado. Se habla de “vecinos” en reemplazo de “ciudadanos”, adjudicando a quienes así son denominados la condición de individuos que comparten un espacio y no un destino. El postmodernismo cumplió, para el neo-liberalismo, la función de sustrato ideológico con el que el protestantismo sostuvo al capitalismo naciente (6) y la que nosotros pensamos que cumplió el catolicismo en la economía feudal.
Así, podríamos resumir: las clases dominantes, las que definen el perfil cultural de su tiempo, han impulsado por un lado la obturación de la angustia, lo que conlleva una pérdida de la capacidad de simbolización y una consecuencia, la pérdida del pensamiento abstracto. Asimismo han desarrollado condiciones técnicas que hacen obligatoria y necesaria la posesión de ese tipo de pensamiento, con lo que dejan a las clases dominadas en la más absoluta de las indefensiones.
Uno de los problemas de la comprensión histórica de la humanidad lo constituye la naturalización de los fenómenos. El “olvido” de la historia implícita (en lo que consideramos como un todo totalizador) en aquello que es la resultante de una génesis, lleva a creer que la pobreza es el resultado de un déficit en las capacidades biológicas, en una suerte de darwinismo social decimonónico, a lo Spencer. Si recuperamos el concepto hegeliano de “recaída en la inmediatez” entenderemos que la pobreza es un producto cultural y que su abordaje y análisis deberán ser culturales.
Por todo lo dicho nos parece importante que para que nuestros pueblos mantengan su sentido histórico será prioritaria la recuperación de su capacidad de simbolización y de su condición de sujetos deseantes. Todo ello, no como resultado de la acción de fuerzas ciegas e incontrolables sino como producto de un esfuerzo de comprensión de los tiempos que nos toca vivir.

REFERENCIAS

1.- Alberto Carli- Médico y Dr. en Medicina- Magister Scientiae en Metodología de la Investigación Científica y Tecnológica- Profesor Consulto Adjunto y Director del Centro de Epistemología en Ciencias de la Salud (Fac.de Medicina-UBA)
2.- Hegel GWF. Fenomenología del Espíritu, México, FCE, 2002.
3.- Carli A; Kennel B. Aprendizaje Transferencial. Teoría y praxis de una propuesta para la construcción del conocimiento, Universidad Nacional de Luján, 2008
4.- Kennel BL.Estilos de aprendizaje y esquemas de pensamiento para la conceptualización de palabras y el aprendizaje inmediato en los estudiantes de Medicina, UBA, 2012.
5.- Lyotard JF. La condición posmoderna, Buenos Aires, Rei, 1987.
6.- Weber M. La Ética protestante y el espíritu del capitalismo, México, Ed. Coyoacán, 1994.

 

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