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EDUCACIÓN | Universidad y nuevo campo de poder

Manos

Por Fernando A. Roig

Se podría decir que estamos ingresando en la post posmodernidad (1) . Irrumpe una realidad educativa que, entre varios aspectos, avanza sobre los proyectos pedagógicos inclusivos. Estos últimos comienzan a ser desplazados. De acuerdo a tendencias globales, los “nuevos proyectos”, se localizan en otro campo de poder (2), alejados de toda política de Estado para el sector. Se ordenan detrás de las transnacionales según sus cánones. En tal sentido, oportunamente, Michael Apple (3) en su trabajo sobre el conocimiento oficial en la era conservadora denunciaba precisamente esto: “las instituciones educativas en EE.UU están siendo sometidas a la comercialización y la privatización…”. Nada nuevo bajo el sol. Entre los años sesenta y setenta del siglo pasado, Richard Nixon bregaba por cerrar las universidades tradicionales y reemplazarlas por universidades corporativas (4) con financiamiento y directriz de las grandes empresas. El objetivo de estas factorías universitarias es formar técnicos. Es decir, sujetos alejados de todo pensamiento crítico y reflexivo. Sus alumnos son entrenados específicamente disciplinas y procesos según demandas y necesidades a cubrir por las corporaciones. Actualmente, muchas universidades de este tipo están en pleno ejercicio en los países hegemónicos y avanzan sobre nuestros territorios con su proyecto pedagógico. Pese a que nuestro país tiene una extensa historia en la educación superior, desde la primera universidad en Córdoba hasta la reforma del dieciocho, atravesando los debates entre educación laica o libre, y las luchas de los sesenta y setenta, no queda al margen de esta amenazante problemática que coacciona su realidad. La educación siempre fue terreno fértil para el debate político e ideológico. Es también sin duda, un territorio de constante confrontación entre grupos de poder, que se disputan su control. En la actualidad esa tensión se cristaliza entre la educación pública y privada. Se pone en discusión un modelo educativo para las generaciones, y a la postre, un modelo de organización política, cultural e ideológica.
Mientras que la universidad pública, y la educación en su conjunto, en nuestro país siempre ha contemplado la inclusión y la movilidad social ascendente, forjando académicos, científicos e intelectuales reconocidos a nivel mundial, la universidad privada va por otro carril, que la supone más pragmática.
La universidad privada posee una dimensión profesionalista, no académica necesariamente. Y esto concuerda con las tendencias corporativas. Se apropia de las demandas y prejuicios de un sector de la burguesía de clase media, que ve en la educación pública una amenaza a su estilo de vida (5) . Por lo tanto, se convierte en una educación excluyente. Solo acceden los que pueden abonar una cuota: El conocimiento se transforma así en una mercancía de cambio, en un servicio para pocos. En la concepción de este modelo funcionalista no interesan los sujetos críticos, reflexivos y comprometidos con el campo social. Estos harían peligrar el status quo, cuestionan lo establecido. Se necesitan actores funcionales, moldeados y bien entrenados para desempeñarse en una sociedad de libre mercado.
Es de este modo, como aparece un terreno pantanoso en cuanto a cómo y quienes financian estos proyectos educativos. Sin más, también nos preguntamos cuáles son sus verdaderos fines.
Por otro lado, en esta esfera de discusión se pone en debate la calidad de sus egresados.
Una nota en Diario Clarín se pregunta, porque se reciben más alumnos en universidades privadas que públicas (6) . Quizás la pregunta se conteste sola: En estos espacios, el alumno tiene en claro que es un cliente que paga una cuota. La institución y los padres saben que también es así, resultando que el tercer actor en juego, el docente, queda expuesto en el medio de dos grupos de poder que despliegan presión sobre él y sobre su labor.
Y en este contexto, obviamente el cliente exige condiciones, y reclama sin barreras cuando ese contrato no se cumple (Yo pago la cuota, expresa). Por consiguiente, su título debe estar listo en tiempo y forma, minimizando cuestiones pedagógicas y formales.

Todo sabemos, por experiencia propia que muchos establecimientos educativos privados se hacen eco de esta realidad y son los que abonan de la misma: cuotas, por financiación a través de fundaciones o como en el caso de la educación universitaria en Chile, donde los bancos en articulación con las universidades privadas otorgan créditos para financiar una carrera. Al finalizar la misma la persona queda adeudada (atrapada) y deberá pagar por años dicho crédito, que en ocasiones duplica, triplicando o cuadriplica el costo original de una carrera. Por lo tanto, nos preguntamos en este sentido, si el aspecto comercial sustenta este tipo de proyecto o lo atraviesa. Es un sistema perverso que termina estrujando la excelencia académica y condicionando al docente en esa dirección, junto a la institución en su conjunto: Esto deriva en una cierta práctica de producción en serie, una línea de montaje rápida que forma profesionales estandarizados, donde se prioriza la cantidad de egresados y no la calidad de los mismos.

Con lo expuesto es interesante atender que la época que vivimos favoreció y acercó a las estructuras del poder político a sujetos formados en ese campo de poder: En las últimas elecciones nacionales, los principales candidatos políticos de centro derecha, en su mayoría, provienen de universidades privadas. Nunca antes se había dado este fixture con tanta claridad. Y a la vista de todos, está en claro cuál es el perfil de estos protagonistas. Observando sus antecedentes académicos podemos pensar que modelo representan y proponen en una sociedad.

Cerrando, solo vale recordar que en el pasado, cuanto el escenario de la educación superior era inherente la universidad pública, la dirigencia política, sobre todo de la derecha más dura, y todos sus personeros se formaban en grado o posgrado en el exterior, en universidades liberales. Luego, retornaban al país con esa impronta para servir a sus mandos naturales. Hoy, lo pueden seguir haciendo, a diferencia de otras épocas, tienen cada vez más opciones por estas latitudes. Queda abierta la discusión.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- N.de A: Post-postmodernismo es un término que se aplica a un amplio conjunto de la evolución de la teoría crítica, filosofía, arquitectura, arte, la literatura y cultura que están saliendo de y reaccionando ante el posmodernismo. El término post-milenarismo fue introducido en 2000 por el teórico cultural de Estados Unidos Eric Gans para describir la época después de la postmodernidad en términos éticos y socio-político. Gans asocia estrechamente el postmodernismo con el “pensamiento victimario”, que él define como basada en una oposición ética no negociable entre perpetradores y víctimas derivadas de la experiencia de Auschwitz y Hiroshima.

2.- Bourdieu, Pierre ( 2OO3). Campo de poder, campo intelectual. Buenos Aires: Quadrata.

3.- Apple, Michael W. (1996). El conocimiento oficial: La educación democrática en una era conservadora. Buenos Aires: Paidós.

4.- N.de A: Foro de universidades corporativas: http://www.universidadescorporativas.mx

5.- N.de A: Recordemos a un supuesto formador o deformador de opinión congraciado con los sectores corporativos y muy escuchado por la burguesía argentina, el periodista Luis Majul cuando dijo que “la educación pública forma piqueteros”.

6.- http://www.clarin.com/sociedad/universidades-apenas-recibe-tiempo-forma_0_1611439005.html

2 comentarios en “EDUCACIÓN | Universidad y nuevo campo de poder

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