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CEDIAL – Educación | LA CAÍDA EN LA ESCUELA PÚBLICA

educacion_publica_03 Por Alberto Carli.

En estos días hemos escuchado al Presidente de la República afirmar que concurrir a la escuela pública es una suerte de maldición bíblica, algo que los ciudadanos no consideran entre las instituciones a las que confiarían la formación de sus hijos.
Son tantos los dislates que escuchamos a diario que la posibilidad de realizar un análisis sensato, pensado y con cierta fundamentación teórica necesitaría un grupo de individuos dedicados especialmente a esa tarea. En boca del ministro de Educación, el Ingeniero en Sistemas Esteban Bullrich, se expresó que la enunciación de temas tan diversos estaba destinada a evitar el tratamiento en profundidad de los mismos y era una estrategia para enunciar muchos y diversas afirmaciones con el objetivo de trabajar sólo sobre algunas de interés para su gobierno y “entretener” con las otras. De semejante manera a la que utilizan algunos empresarios en conflicto con sus obreros a los que agreden con un despido masivo para luego negociar, en connivencia con los gremialistas de su confianza, y reincorporar sólo a aquellos que no eran su objetivo inicial. De esa manera los obreros verían aunque más no sea un triunfo parcial, los gremialistas mostrarían algún logro y los empresarios lograrían lo que habían buscado desde el principio.
CapturaLa escuela pública puede ser pensada como uno de los instrumentos de dominación del Estado con la transmisión de valores que las clases dominantes han transformado en universales y que sirven para el mantenimiento de las desigualdades sociales. Recordemos que Bernard Shaw dijo que se había educado hasta que ingresó en la escuela formal.
Pero la escuela también ha sido el instrumento con que el Estado benefactor durante la etapa del capitalismo teñido de la austeridad calvinista ha ayudado en el desarrollo de las clases populares favoreciendo su ascenso social.
La mirada con que las clases bajas han visto a la escuela pública no ha sido como de instrumento de dominación sino como la manera, favorecida por el prestigio que el conocimiento tuvo en cierto momento de la historia, de acceder a mejores niveles de vida para ellos y sus hijos. Asistir a la escuela fue la manera en que, con el incremento del capital educativo, fue posible para las clases populares acceder al incremento de sus capitales simbólico y económico.
La caída del orden simbólico propio del Posmodernismo vino a modificar las cosas. El cambio profundo que se experimentó en las cosmovisiones sociales hizo que se instalara en el imaginario colectivo la figura del triunfador solitario, así el entretejido solidario que caracterizaba a la clase obrera fue destrozado. Apareció la “meritocracia”. La idea del triunfo individual sin considerar las condiciones contextuales en las que ese triunfo individual tiene lugar, sin considerar el importante papel que el Estado tiene en el mismo.
Es en estas condiciones históricas en las que se dan las palabras del Señor Presidente, que puede sonar a torpe provocación o a insuficiencias discursivas no mejoradas en su paso por la educación que le fue dada en el Colegio Newman ni en la Universidad Católica.
La mirada que podemos tener de la escuela pública exige el esfuerzo de pensarla a la luz de sus propios orígenes históricos muy diferentes de la de los países centrales en donde cuando se instaló ya se había dado la concreción de sus nacionalidades y sus estados correspondientes.
Naciones consolidadas por las monarquías absolutas abrieron paso a lo que se conoce como Modernidad. Nuestro país, agitado por una prolongada guerra civil en el Siglo XIX que marcó su destino, no ha tenido un factor aglutinante por lo que la escuela pública vino a ser una de las instituciones destinadas a cumplir esa tarea.
Una escuela pública dedicada no sólo a la enseñanza y el aprendizaje sino, fundamentalmente, a establecer una identidad cultural con nuestros héroes fundantes, nuestros antepasados gloriosos. En fin, aquello que podemos mencionar como “el amor a la Patria”, una Patria por la que el Señor Presidente no juró cuando asumió su cargo.
Creemos que “la infancia es la Patria del hombre” y la nuestra fue marcada por el amor a la Patria, y en ese amor no jugó un papel menor la escuela pública. Así llegamos a tener una idea de Nación que significa pensarnos como parte de un colectivo al que nos unen valore e ideales, historias compartidas. Tal vez podríamos decir que, con ella, abrazamos el sueño de la Modernidad. Una Modernidad que tal vez nunca hemos alcanzado en nuestro país pero que está presente en nuestra manera de pensar y sentir y que sabemos fue pensada y sentida por Moreno, Monteagudo, Castelli entre otros.
Pensar la escuela pública como la herramienta estatal para construir nacionalidad no es uno de los temas más fáciles en tiempos como los que corren.
Pensarla en términos utilitarios, esto es creyéndola formadora de cuadros eficientes para las empresas privadas es tener, por lo menos, una mirada egoísta y corta de su misión.
Estas ideas que he escrito al correr del pensamiento intentan ser reflexiones de un ciudadano que siente que su Presidente, cuya función lo obligaría a desempeñarse como un padre, no se siente parte de esta familia argentina ni asume su obligación de trabajar para superar las contradicciones de la misma muy por el contrario, impresiona como que goza cuando las exacerba.

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